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El tarot de Besançon, el otro tarot francés

El tarot de Besançon, el otro tarot francés

Durante mucho tiempo eclipsado por el famoso tarot de Marsella, el tarot de Besançon posee, sin embargo, una historia propia, entre tensiones religiosas, intercambios culturales renanos y afición por el juego popular. Este tarot, poco conocido hoy en día, es en realidad uno de los testimonios más reveladores de la evolución de las cartas adivinatorias entre finales del Renacimiento y el siglo XIX.

Un tarot nacido en un contexto religioso tenso

Para comprender el nacimiento del tarot de Besançon, primero hay que preguntarse por el estatus del tarot en aquella época. Lejos de cualquier dimensión esotérica, el tarot era ante todo un juego. Se utilizaba en contextos familiares, sociales y festivos, sin pretensiones adivinatorias ni lectura simbólica. El uso mágico del tarot no surgiría hasta más tarde, a comienzos del siglo XIX, especialmente bajo la influencia de ocultistas franceses como Court de Gébelin o Éliphas Lévi.

En Alsacia y en los territorios del Alto Rin, a comienzos del siglo XVIII, el tarot circulaba ampliamente, apreciado por la riqueza de sus triunfos y la variedad de partidas que permitía. Pero esta difusión se enfrentaba a una dificultad: dos figuras centrales del tarot clásico, el Papa (arcano V) y la Papisa (arcano II), eran mal aceptadas en las regiones protestantes. El Papa se percibía como un símbolo de la autoridad católica romana, y la Papisa como una representación herética, asimilada a la leyenda de la papisa Juana.

Para mantener el uso del tarot en un espacio confesional compartido, los maestros naiperos de Estrasburgo optaron por una solución indirecta. Sustituyeron estos dos arcanos problemáticos por figuras procedentes de la mitología grecorromana: Juno y Júpiter. Este cambio fue ingenioso. Conservaba la estructura del juego y, al mismo tiempo, neutralizaba las tensiones doctrinales. Así, el tarot se convirtió en un terreno de compromiso, un objeto gráfico a la vez lúdico, comercial y diplomático.

2. Nacimiento renano de un tarot ecuménico

El tarot de Besançon nació, por tanto, en... Estrasburgo, a comienzos del siglo XVIII, en una región marcada por la frágil coexistencia de distintas confesiones. Juno y Júpiter ocuparon el lugar de los dos arcanos religiosos, pero todo lo demás permaneció sin cambios: palos italianos (bastos, copas, espadas, oros), numeración romana, impresión en madera y coloreado mediante estarcido. El estilo heredaba del llamado tarot de Marsella «tipo I», con el que compartía sus bases formales.

Sin embargo, ciertos detalles visuales revelan una estética propia de la región renana. El Cupido de Los Enamorados apunta directamente a los personajes, la Luna luce un rostro frontal, el Diablo tiene un cuerpo peludo y está de pie, y la figura del Mundo adopta una postura en contrapposto (manera de representar el cuerpo humano de pie, donde el peso recae principalmente sobre una pierna, mientras la otra permanece relajada). Estas particularidades distinguen claramente al tarot de Besançon, al tiempo que lo vinculan con la gran familia iconográfica de los tarots meridionales.

Las primeras hojas impresas recorrieron las orillas del Rin, desde Estrasburgo hasta Colmar, y después hacia Ulm y los territorios suizos. La impresión en madera, los papeles gruesos y los colores intensos atraían a un público variado. Este tarot se impuso en toda la región alsaciana y en el sur de Alemania, convirtiéndose en el modelo de referencia durante todo el siglo XVIII.

Edad de oro del Franco Condado y expansión suiza

Alrededor de 1800, Jacob Jerger, un naipero originario de Kehl, se instaló en Besançon e imprimió allí el mismo juego que se producía en Alsacia. No cambió ni las figuras, ni la estructura, ni el estilo. Pero a partir de entonces, los vendedores ambulantes procedentes de París popularizaron la expresión «tarot de Besançon», que terminó imponiéndose en el uso. El nombre quedó fijado y el juego echó raíces en una nueva ciudad.

El tarot de Besançon, el otro tarot francés

Tarot de Besançon. Fuente

La influencia del tarot de Besançon traspasó entonces las fronteras. En Suiza, Johann Georg Rauch y posteriormente su yerno Johannes Müller imprimieron en Diessenhofen un juego rigurosamente idéntico, destinado a la región germanófona. La edición se interrumpió a mediados del siglo XIX, antes de resurgir en la década de 1960 gracias a la casa A.G. Müller. El juego recibió entonces el nombre de «1JJ», por «Juno, Júpiter», una manera de honrar a sus figuras fundadoras. Se convirtió en el soporte oficial de los juegos suizos tradicionales Troccas y Troggu, que todavía se juegan en algunos valles de los Grisones.

Herencia y perspectivas de los historiadores

En el resto de Francia, el siglo XIX fue testigo del declive del tarot de Besançon, desplazado por un modelo más moderno: el tarot Nuevo (dedicado exclusivamente al juego y no a la adivinación), con palos franceses y figuras fáciles de interpretar, pensado para los cafés, los juegos de contrato y los usos rápidos. El tarot bisontino, considerado demasiado arcaico, pasó a las reservas y las colecciones.

Pero en el siglo XX, algunos investigadores devolvieron la vida a este patrimonio olvidado. El tarot de Besançon dejó de ser una simple curiosidad regional y se convirtió en un objeto de estudio, un testimonio de los intercambios culturales entre los mundos católico y protestante.

En 2013, el coleccionista André Humbert creó un tarot completamente ilustrado con figuras bisontinas, una versión contemporánea que dialoga con la herencia de Jerger. Exposiciones, reproducciones facsímiles y estudios universitarios continúan hoy esta historia. El tarot de Besançon no es un pariente pobre del tarot de Marsella. Es su primo renano y no llegó a tener realmente una trayectoria adivinatoria, ya que fue precisamente su primo del sur de Francia el que finalmente fue elegido como soporte.

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