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Santería, la historia de una religión afrocubana

Santería, la historia de una religión afrocubana

EN ESTE NÚMERO...

1. La cuna yoruba
2. De África a Cuba, el nacimiento de un culto sincrético
3. Un culto que fue oprimido y luego afirmado en Cuba
4. Los rituales emblemáticos de la santería
5. De Cuba al mundo: La santería en la diáspora
6. Glosario


La santería es una de esas tradiciones de las que oímos hablar sin saber realmente qué abarca. A veces se asocia con tambores, ofrendas, creencias africanas o santos católicos. Pero entre ideas preconcebidas e imágenes vagas, es difícil comprender su verdadera naturaleza. Sin embargo, al observarla con más detenimiento, descubrimos una religión coherente, rica en símbolos, rituales e historia. Una tradición forjada en las dificultades y que aún sigue muy viva en la vida cotidiana de muchos creyentes en Cuba y otros lugares. Exploremos.

1. La cuna yoruba

La santería tiene sus raíces en la religión tradicional del pueblo yoruba de África Occidental. Mucho antes de su llegada al Caribe, esta fe ancestral floreció en los reinos de lo que hoy es el sur de Nigeria y Benín. En el corazón de la cosmología yoruba se encuentra un único dios creador, Olodumare, la fuente de toda la energía espiritual, que delega en los orishas —deidades intermediarias vinculadas a las fuerzas de la naturaleza— la tarea de guiar el destino humano. Cada orisha encarna un aspecto del mundo natural: así, Shangó reina sobre el rayo y el fuego, Yemayá sobre los océanos y Ochún sobre el agua dulce y el amor, por nombrar solo algunos. Estos orishas protegen a los mortales y se aseguran de que cada persona cumpla con su destino asignado ( ori ). Si un alma se extravía, se cree que, según la tradición, puede regresar a la tierra a través de la reencarnación para completar su propósito. Rica en mitos, danzas y canciones, la religión yoruba se transmite de generación en generación en forma oral, acentuada por tambores bata y saludos rituales a los orishas .

Santería, la historia de una religión afrocubana

Representación de los Orishas

En el siglo XVI, la historia de esta religión dio un giro dramático. El pueblo yoruba, reconocido por su rica cultura, fue expulsado violentamente de su patria por la trata transatlántica de esclavos. Miles de hombres y mujeres fueron esclavizados y enviados a plantaciones en el Nuevo Mundo. Entre las colonias receptoras, Cuba recibió cautivos yorubas desde muy temprano: traídos a la isla ya en el siglo XVI, y luego en oleadas sucesivas hasta el siglo XIX, trajeron consigo la lengua, las canciones y los dioses de su patria africana. Hacinados en barcos, estos exiliados portaron un tesoro intangible —sus creencias y rituales— que sobreviviría contra viento y marea en suelo cubano.

2. De África a Cuba, el nacimiento de un culto sincrético

Entre los siglos XVII y XIX, Cuba se convirtió en uno de los principales centros de la trata de esclavos en el Caribe. En las plantaciones azucareras y en las mansiones coloniales, los esclavos yoruba (llamados lucumí en Cuba) se mezclaron con otros grupos étnicos africanos deportados, como los congos y los carabalís. Esta cohabitación forzada condujo a una fusión religiosa: lejos de su patria, privados de sus templos, los cautivos de diversas naciones africanas vieron converger y entrelazar sus respectivas tradiciones. De esto surgió una religión afrocubana única donde predominaban las prácticas yoruba, a la vez que incorporaban elementos de otros ritos africanos presentes en Cuba. Pero el mayor desafío para estos devotos fue preservar su fe bajo la atenta mirada de un gobernante colonial católico intolerante con lo que consideraba "idolatría pagana".

Oficialmente, solo la religión católica estaba permitida en la colonia española. Por lo tanto, los esclavos tenían que ser astutos para seguir honrando a sus orishas . Por la noche, en los barracones o resguardados en los bosques, cantaban en voz baja las alabanzas de Ochún o Babalú Ayé. Los domingos, se les obligaba a asistir a misa: observaban a los santos en la iglesia y, en secreto, identificaban a cada uno con uno de sus dioses. Santa Bárbara, vestida de rojo y armada con una espada, se convirtió así en la máscara del poderoso Shangó, señor de las tormentas. La Virgen de la Caridad, patrona de Cuba, estaba asociada con la gentil Ochún, diosa de los ríos y el amor. San Lázaro, el mendigo cubierto de llagas, evocaba a Babalú Ayé, deidad de la enfermedad y la curación. Poco a poco, se desarrolló una verdadera equivalencia simbólica entre el panteón católico y el panteón yoruba.

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Altar santero

Según la tradición oral, los esclavos yorubas fingían venerar a los santos para ocultar mejor el culto a sus orishas tras estas figuras cristianas. En la noche del día de Santa Bárbara, encendían velas rojas no solo por la mártir cristiana, sino especialmente por Shangó, su homólogo africano, invocando en secreto al dios del trueno. Esta artimaña les permitía celebrar sus fiestas ancestrales bajo la apariencia de festividades católicas. Sin embargo, la investigación histórica sugiere que el sincretismo también... Alentadas activamente por la propia Iglesia colonial, ante la persistencia de los cultos africanos, las autoridades eclesiásticas optaron, según se dice, por canalizarlos en lugar de erradicarlos por completo. Un sínodo papal de 1687 recomendó que los sacerdotes « adaptaran las creencias africanas a las prácticas católicas », y un edicto real de 1792 llegó incluso a ordenar a las hermandades de esclavos (los cabildos africanos) que veneraran oficialmente a un santo católico equivalente a cada orisha. Al imponer estas sustituciones, la Iglesia obligaba a los esclavos a bautizar a sus dioses con nombres cristianos. Es cierto que construir capillas dedicadas a un santo patrón específico de un grupo específico de esclavos era costoso, y los españoles se resistían a incurrir en tales gastos. Pero, en esencia, esta política pretendía dar un toque cristiano a las devociones africanas, con la esperanza de hacerlas más aceptables en la sociedad colonial.

Fue en este crisol de opresión e ingenio que nació la santería . Los españoles, asombrados de ver a estos esclavos dándole tanta importancia a los santos , apodaron despectivamente su culto "santería", que significa "el culto a los santos". El término pretendía ser peyorativo, como para burlarse de esta devoción, que consideraban supersticiosa. Sin embargo, detrás de la imagen piadosa de las estatuillas de la Virgen María o San Antonio, los esclavos continuaron rezando a sus orishas africanos. Preferían llamar a su religión Regla de Ocha (la "regla de los orishas ") o simplemente Lukumí , por el nombre de su nación de origen. En cualquier caso, con el tiempo, se desarrolló en Cuba un verdadero sincretismo afrocatólico: sin negar la fachada católica impuesta, los antiguos esclavos integraron a los santos en su universo espiritual, enriqueciendo sus ritos en lugar de abandonarlos.

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Estatua de San Lázaro

Desde mediados del siglo XIX en adelante, cuando la esclavitud se acercaba a su fin (fue abolida en Cuba en 1886), la santería se estableció firmemente en la cultura popular cubana. Las sociedades de ayuda mutua de africanos liberados, agrupados por su país de origen, proporcionaron un refugio para estas prácticas. En La Habana, Matanzas y Santiago, los cabildos yoruba, autorizados durante la era colonial para proporcionar estructura a los esclavos, se convirtieron, después de la emancipación, en sociedades culturales donde las canciones yoruba, las danzas rituales y el culto a los orishas (espíritus) junto con los santos continuaron prosperando. Oficialmente, la Cuba republicana de principios del siglo XX siguió siendo un país católico, y la élite menospreciaba estas ceremonias, que descartaban como brujería (brujería). Sin embargo, muchos cubanos comunes, descendientes de esclavos o de raza mixta, continúan recurriendo a ella para buscar la protección de los orishas en su vida diaria. La santería sigue siendo así en gran medida clandestina o confinada al ámbito doméstico, transmitiéndose discretamente de padres a hijos, de padrinos espirituales a ahijados.

3. Un culto que fue oprimido y luego afirmado en Cuba

Con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, Cuba entró en una era de ateísmo estatal donde toda expresión religiosa era vista con recelo. Durante las primeras décadas del régimen revolucionario, la santería, al igual que la Iglesia Católica, sufrió una represión generalizada: el nuevo gobierno asoció estas prácticas con "supersticiones" contrarias al espíritu científico del socialismo. Las ceremonias afrocubanas, ya marginadas, quedaron aún más relegadas al olvido. Sin embargo, la fe de los practicantes de la santería no desapareció. En la privacidad de sus hogares, continuaron consultando conchas adivinatorias y ofreciendo cocos a los orishas . El gobierno comunista, cuyo principal objetivo era romper la influencia de la Iglesia Católica, toleró tácitamente estas prácticas populares, que no percibió como una amenaza política inmediata. Así, a pesar de la desaprobación oficial, la santería sobrevivió en la intimidad de los hogares cubanos durante las décadas de 1960 y 1970.

Un punto de inflexión llegó en la década de 1990. Cuba, frente a la crisis económica postsoviética, paradójicamente se abrió más en la esfera religiosa. El régimen suavizó su ideología: en 1992, eliminó la referencia a un estado ateo de la Constitución para secularizar el país. Esta apertura benefició a las religiones afrocubanas. La santería emergió gradualmente de la oscuridad y ganó visibilidad. Se formaron oficialmente sociedades religiosas, como la Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Los sacerdotes de la santería comenzaron a viajar al extranjero, y las ceremonias, una vez secretas, se exhibieron en eventos culturales. El propio gobierno finalmente reconoció la santería como parte integral del patrimonio nacional de Cuba. En la década de 2000, la promoción de la santería se extendió más allá de la esfera religiosa: el estado cubano la presentó en festivales, turismo cultural y exposiciones como un símbolo de la auténtica identidad cubana . Esta religión, una vez perseguida, ahora se valora como un componente esencial de la identidad cubana, a la par de la música salsa o la cocina criolla.

Santería, la historia de una religión afrocubana

Pareja cubana con traje tradicional de santería

Mientras tanto, dentro de la propia comunidad santera, se observa un fenómeno de reafricanización. Algunos sacerdotes y seguidores, preocupados por la legitimidad, abogan por un retorno a las raíces africanas de la fe. Insisten en la pureza de la tradición yoruba transmitida por sus antepasados, purificando los ritos de ciertas influencias católicas u occidentales que se les habían injertado con el tiempo. Las reuniones de babalawos (sacerdotes adivinos) establecen protocolos más estrictos, y los textos escritos comienzan a codificar lo que se transmitía principalmente de forma oral. Sin embargo, este proceso de "ortodoxización" de la santería sigue siendo limitado: no existe una Iglesia centralizada ni un dogma fijo. Cada ile , o "casa de un santo", conserva sus particularidades rituales, heredadas de su fundador. El conocimiento permanece en gran medida en manos de los ancianos iniciados, transmitido durante largas ceremonias de iniciación. Por ejemplo, para convertirse en sacerdote (santero o babalawo), un aspirante debe seguir un largo camino de formación: estudiar la teología orisha, el yoruba autodidacta (ninguna escuela lo enseña en Cuba, debe aprenderse sobre la marcha) y dominar los tambores sagrados, todo ello guiado por un exigente mentor espiritual. « No se llega a sacerdote de la noche a la mañana; se necesitan años de estudio y dedicación », afirma Yasser, un babalawo de La Habana, que pasó un año vestido de blanco como novicio y luego cuatro años estudiando antes de oficiar. Este rigor no impide que la santería atraiga cada vez a más adeptos: hoy en día, la mayoría de los cubanos, independientemente de su origen, practican de una forma u otra un rito heredado de las religiones afrocubanas (más del 70 % de la población, según algunas estimaciones). Lejos de ser una curiosidad marginal, la santería impregna profundamente la sociedad cubana contemporánea, desde la vida cotidiana de los barrios obreros hasta las expresiones artísticas nacionales.

4. Los rituales emblemáticos de la santería

A pesar de sus orígenes orales y la falta de textos sagrados escritos, la santería posee un corpus ritual rico y estructurado. Cada ceremonia es una experiencia estética y espiritual, que entrelaza música, danza, adivinación y ofrendas sagradas, con el objetivo de honrar a los orishas y buscar su ayuda.

4.1. Consulta mediante caracoles adivinatorios (diloggún)

La santería coloca la adivinación en su corazón, este arte de comunicarse con el mundo espiritual para obtener guía e iluminación. El medio preferido es un conjunto de dieciséis conchas de cauri (llamadas diloggún ), consagradas en un ritual previo. Cuando llega el momento de una consulta, por ejemplo, para guiar a un creyente que enfrenta un problema familiar o una decisión importante, el sacerdote o sacerdotisa (santero o santera) se sienta frente a la persona que busca guía, ante una estera ritual. Después de invocar a los orishas con oraciones en el idioma lucumí , sostienen las conchas en sus manos entrelazadas, se concentran y luego las arrojan bruscamente sobre la estera. Las conchas ruedan, algunas aterrizan abiertas, otras cerradas.

Santería, la historia de una religión afrocubana

Lectura del oráculo por un santero. Fuente: Cubania

El patrón formado por las conchas así esparcidas —por ejemplo, 4 abiertas y 12 cerradas, o 7 abiertas y 9 cerradas— corresponde a signos llamados odu en la tradición adivinatoria yoruba. Existen 256 combinaciones posibles de odu , cada una con un conjunto de leyendas, consejos y advertencias que el sacerdote debe conocer a fondo. Por lo tanto, un santero experimentado "leerá" el mensaje de las conchas interpretando el odu caído, a menudo complementado con una segunda tirada para refinar el significado. El veredicto de la consulta indicará si las energías del momento son... Favorable ( Iré ): promesa de éxito, salud y prosperidad; o, por el contrario, deficiente ( Osogbo ): indica obstáculos o desequilibrios que deben corregirse. En este último caso, el oráculo generalmente prescribe remedios en forma de ofrendas rituales para restablecer la armonía. En Cuba, estas sesiones de adivinación con conchas forman parte de la vida cotidiana: antes de una boda, para elegir una fecha auspiciosa, o después de un sueño perturbador, se acude a un santero para que "escriba la letra" y así conocer la voluntad de los orishas y obtener su favor.

4.2. Ofrendas y sacrificios a los orishas

En la santería, como en la mayoría de las religiones afrodescendientes, la relación con lo divino se basa en el intercambio de regalos y atenciones. Las ofrendas, llamadas ebo o addimú , son el medio por el cual los devotos honran a los orishas y reciben su favor a cambio. Estas pueden adoptar diversas formas: comida cocinada, fruta, flores, cigarros, bebidas alcohólicas y, en ocasiones importantes, sacrificios de animales. Cada orisha tiene sus propias preferencias y símbolos. Ochún, por ejemplo, aprecia la miel, las naranjas y la canela, ofrendas dulces que reflejan su dulzura. Changó prefiere el gallo (preferiblemente rojo), que puede serle sacrificado, así como la yuca, los plátanos asados ​​o el ron fuerte y especiado, alimentos robustos acordes con su naturaleza fogosa. Yemayá recibirá sandías, pescado y vino blanco seco a la orilla del mar. En cuanto a Babalú Ayé (sincretizado con San Lázaro), es común ofrecerle maíz tostado, tabaco o un animal pequeño (como un pollo o una paloma) como sacrificio expiatorio. El sacrificio ritual de animales ocupa, de hecho, un lugar esencial en las ceremonias mayores: lejos de ser un acto de crueldad gratuita, se considera un regalo de vida a los orishas , ​​una forma de nutrir a las deidades con la energía vital ( ashé ) de la sangre derramada. Una cabra, un gallo o una paloma, sacrificados según un ritual preciso y consagrados mediante la oración, se convierten así en el puente entre lo humano y lo divino. La carne generalmente se cocina y luego se comparte entre los participantes, después de haber reservado una porción simbólica para el orisha en el altar. Este gesto fortalece el vínculo comunitario a la vez que expresa gratitud a la deidad invocada. Es importante señalar que la santería enseña un gran respeto por el animal sacrificado: se lo trata con reverencia y el sacrificio solo se realiza cuando es necesario, por sacerdotes capacitados. Además de los sacrificios, son muy comunes las ofrendas no cruentas: se coloca un plato de fruta fresca o dulces, o se enciende una vela e incienso ante el altar doméstico cada mañana para saludar al orisha protector del hogar.

4.3. El ritual del tambor ( toque de santo ) y el trance espiritual

La santería es, ante todo, una religión de rituales vivos, donde la música y la danza desempeñan un papel sagrado. Entre las celebraciones más espectaculares se encuentra el bembé o toque de santo , la "fiesta del santo", durante la cual se invoca públicamente a un orisha mediante tambores y canciones. Imagine una tarde cálida en las afueras de Matanzas: es el cumpleaños de un orisha o la culminación de una iniciación, y una familia santera organiza una sesión comunitaria de tambores. Tres tambores sagrados tallados en madera —los batá— se afinan y se colocan ante el altar, cada uno sostenido por un percusionista experimentado. En cuanto las manos tocan la piel tensa, un ritmo llena el espacio. Los cantantes entonan a coro... Cantos litúrgicos en yoruba, transmitidos oralmente durante siglos. Cada orisha tiene su propio ritmo y letra. Los participantes, vestidos de blanco o con los colores de su orisha patrón, comienzan a bailar en círculo. Gotas de sudor en sus frentes a medida que el ritmo se acelera: es mucho más que un concierto, es una oración colectiva en el lenguaje de los tambores. Según la tradición, estos instrumentos son entidades sagradas, capaces de hablar e invocar a los dioses. A través del ritmo, uno... implora al orisha que descienda del cielo y participe en la celebración.

Ritual del tambor. Fuente: Wikipedia

Gradualmente, la atmósfera alcanza un punto álgido. Los bailarines más cercanos a los tambores (los ancianos o iniciados de alto rango) realizan los pasos específicos del orisha que se celebra, ya que cada deidad tiene sus gestos característicos. Para Changó, los brazos se levantan como si empuñaran un hacha, imitando un rayo desatado; para Yemayá, los brazos se ondulan como olas, por dar solo dos ejemplos. De repente, uno de los bailarines lanza un fuerte grito y se desploma, convulsionando, en el centro del círculo. Inmediatamente, los tambores modulan su ritmo y los cantantes redoblan su energía: el orisha ha tomado posesión de un cuerpo. Se dice que el santo "montó el caballo"; el devoto es comparado con un caballo cuyo jinete es el espíritu del orisha . La persona en trance entra entonces en un estado similar al trance: sus ojos se ponen en blanco, se vuelven blancos como la leche, su expresión cambia y de repente encarna la personalidad del orisha descendiente. Si es Changó, podría blandir un hacha y pedir fuego; si es Ochún, reirá coquetamente mientras distribuye miel. A través de su boca, se cree que la propia deidad habla. Los demás devotos se acercan respetuosamente para recibir la bendición de la orisha encarnada: inclinan la cabeza, presentan objetos para que ella los toque y consagre, o hacen preguntas para obtener guía directa. Mientras tanto, los tambores siguen tocando, para mantener a la orisha presente. El trance puede durar muchos minutos, a veces más de una hora, hasta que la entidad decide retirarse del cuerpo de la persona poseída. Esta experiencia de trance mediúmnico está en el corazón de la espiritualidad de la santería: materializa, durante la duración de una danza, el encuentro tangible entre el mundo de los humanos y el de los orishas . Es un momento de intenso fervor donde la fe emerge del reino de lo invisible para ser experimentada visiblemente, ante los ojos de todos. Terminada la ceremonia, se agradecen los tambores con ofrendas y se comparte una gran comida festiva, porque las fiestas de estos santos son también momentos de convivencia: cerdo asado, arroz congrí, plátanos fritos y otros platos cubanos se sirven en abundancia, extendiendo así la celebración de una manera más terrena pero igualmente sagrada.

4.4. La iniciación y el nacimiento de un santero

Más allá de los rituales ocasionales, la santería está estructurada por un riguroso camino iniciático. Convertirse en un adepto, y más aún en sacerdote, no es simplemente un compromiso intelectual: es un verdadero renacimiento espiritual, marcado por ceremonias complejas y altamente simbólicas. La iniciación mayor, llamada " hacerse santo " (en español , "hacerse santo" ), consagra a un recién llegado a la religión instalando un orisha protector en su vida. Generalmente comienza con una consulta de adivinación que revela a qué orisha tutelar esta persona está llamando como su hijo o hija. Un joven impulsivo y valiente puede ser llamado por Changó, mientras que una mujer gentil y artística puede ser elegida por Ochún. Una vez identificado el orisha guardián, se lleva a cabo la ceremonia central de kariocha (una palabra de origen yoruba que significa "colocar al orisha en la cabeza"), también llamada asiento ("la sentada") o coronación ("la coronación"). Este ritual de iniciación, que dura varios días, se mantiene en secreto para los no iniciados y se realiza a puerta cerrada en el templo del padrino espiritual. En el momento culminante, el iniciado, con la cabeza rapada y purificada, se arrodilla ante el altar, mientras el obba (sacerdote que oficia la iniciación) invoca al orisha tutelar y lo fija simbólicamente en la cabeza del novicio ( ori ) mediante cantos sagrados, unciones y la imposición ritual de manos. Se dice entonces que el orisha nace en esta persona, quien a partir de entonces se convierte en un iyawó , un recién nacido en la fe.

El iyawó comienza un período de un año durante el cual debe adherirse a estrictas reglas de conducta y purificación. En particular, se les exige vestir completamente de blanco de la cabeza a los pies todos los días, simbolizando su renacimiento puro y devoción a los orishas . Evitarán lugares ruidosos, se abstendrán de ciertos alimentos, se abstendrán de ser tocados en público y usarán collares de cuentas ( elekes ) en los colores de sus orishas patronos. Este tiempo de prueba y disciplina permite al iniciado desprenderse de las influencias negativas de su vida pasada y fortalecer su conexión con su orisha . Es una especie de retiro espiritual dentro de la vida cotidiana: durante doce meses, el mundo ve a un individuo vestido de blanco, humilde y reservado, mientras que el iniciado experimenta una profunda transformación interior. Al final de este ciclo, se lleva a cabo una ceremonia de clausura, llamada la salida del iyawó o ceremonia de ebó . (Ofrenda de cierre) – durante la cual, rodeado de su comunidad, el iniciado deja a un lado sus hábitos blancos y recibe la confirmación final de su estado. Entonces es proclamado omo-orisha , “hijo del orisha”: omo Changó si su guardián es Changó, omo Yemayá para Yemayá, etc. A partir de este momento, se le considera un santero de pleno derecho, un miembro de la comunidad de iniciados, con la posibilidad posterior de formar a nuevos seguidores a su vez. La iniciación en la santería, por lo tanto, no es un simple rito de paso; es la piedra angular en torno a la cual se estructura toda la transmisión de esta religión. Es gracias a ella que, de generación en generación, la llama de los orishas permanece encendida, y cada nuevo iniciado se convierte en el eslabón vivo de una cadena espiritual ininterrumpida que se remonta a los ancestros africanos.

5. De Cuba al mundo: La santería en la diáspora

Aunque la santería se originó en la isla de Cuba, su influencia se ha extendido mucho más allá de las fronteras cubanas, impulsada por la migración y su atractivo inherente. Ya en las décadas de 1940 y 1950, los trabajadores y músicos cubanos introdujeron los ritmos de los tambores batá en Nueva York y Miami. Pero fue principalmente después de la Revolución Cubana de 1959 que la diáspora cubana difundió la santería por todo el continente americano. En las décadas de 1960 y 1970, decenas de miles de cubanos (exiliados políticos que huían del régimen de Castro o migrantes en busca de oportunidades) se establecieron en Florida, Puerto Rico, Venezuela y Nueva York. Trajeron consigo a sus santos, orishas y altares. Pronto, en los barrios cubanos de Miami, como Hialeah y La Pequeña Habana, comenzaron a abrir botánicas (tiendas esotéricas) que vendían collares de santería, velas de santos y hierbas sagradas. Se establecieron discretamente lugares de culto en garajes y patios, donde los inmigrantes continuaron celebrando a Ochún y Obatalá como lo hacían en La Habana. La santería llenó así un vacío espiritual e identitario para estas personas desarraigadas, replicando en tierra extranjera la red de solidaridad de las familias de la santa. Gradualmente, también atrajo a curiosos no cubanos: puertorriqueños, afroamericanos e incluso norteamericanos blancos se iniciaron, atraídos por la dimensión participativa y trascendental de estos rituales afrocubanos.

Santería, la historia de una religión afrocubana

Interior de un jardín botánico. Fuente: Latina Lista

En los Estados Unidos, sin embargo, la religión de la santería ha tenido que adaptarse a un entorno legal y cultural muy diferente. Un episodio significativo ilustra su ascenso gradual a la prominencia: en 1992, la comunidad de la santería de Hialeah, Florida, decidió establecer un lugar oficial de culto, la Iglesia Lukumí Babalú Ayé. En respuesta, el ayuntamiento local intentó prohibir el sacrificio ritual de animales dentro de su territorio, apuntando claramente a las prácticas de la santería. Se produjo una resonante batalla legal, que culminó en un caso de 1993 ante la Corte Suprema de los Estados Unidos. En su decisión histórica , Iglesia de Lukumí Babalú Ayé contra la ciudad de Hialeah , la Corte Suprema se puso del lado de los practicantes de la santería: por unanimidad, dictaminó que las ordenanzas municipales de Hialeah apuntaban específicamente a la santería y violaban el principio constitucional de la libertad de religión. Esta victoria legal consolidó la legitimidad de la santería en América del Norte. Esto se traduce en la práctica en una explosión en el número de practicantes registrados. Desde mediados de la década de 1990 en adelante, se estima que había aproximadamente Solo en el sur de Florida (Miami y alrededores) se encuentran entre 50,000 y 100,000 practicantes de la santería, y casi un millón en todo Estados Unidos. Estas impresionantes cifras incluyen no solo a cubanos, sino también a muchos latinos y estadounidenses que han adoptado la fe lucumí . Hoy en día, se celebran ceremonias de santería con regularidad en Los Ángeles, Nueva York, Ciudad de México, Caracas y Madrid, traídos por la diáspora cubana y sus conversos. La música de los tambores batá resuena en desfiles multiculturales, collares multicolores adornan cuellos más allá del Caribe, y algunas estrellas y artistas prominentes no dudan en consultar a un babalawo (curandero tradicional) para que guíe sus carreras. La santería se ha convertido así en una religión global, presente en varios continentes.


Sin embargo, conserva un carácter y sabor distintivamente cubanos. La Habana sigue siendo la meca de la santería: muchos extranjeros viajan allí para ser iniciados por sacerdotes de renombre o para participar en las principales fiestas patronales. Las santerías cubanas, por su parte, se enorgullecen de conservar el legado más directo de la tradición yoruba, que consideran un tesoro cultural nacional. A pesar de las distancias, estrechos lazos unen a las comunidades en Cuba y la diáspora: intercambios de visitas, envío de calabazas sagradas e invitaciones para oficiar ceremonias. Así, desde la aldea nigeriana de la que partió un esclavo hacia Cuba hasta la metrópolis moderna donde su bisnieto bien podría ser el babalawo de un grupo de estadounidenses, la cadena ininterrumpida de la santería continúa expandiéndose, añadiendo constantemente nuevos eslabones.

6. Glosario

Encuentre aquí las definiciones de los términos tradicionales utilizados en este artículo:

  • Ache (o Aché) : fuerza espiritual transmitida por los orishas; energía vital presente en rituales, objetos sagrados y palabras.

  • Babalawo : sacerdote-adivino especializado en el sistema de adivinación Ifá, entrenado para interpretar los mensajes de los orishas a través de signos sagrados.

  • Cabildo : organización religiosa y cultural fundada durante la época colonial por esclavos africanos para mantener sus prácticas espirituales.

  • Changó (o Shangó) : orisha del fuego, el trueno, la guerra y la virilidad. También es el patrón de los tambores y la danza.

  • Elegguá (o Eleguá) : orisha mensajero, guardián de caminos y encrucijadas, a quien se invoca primero en cualquier ritual.

  • Ere : muñeca sagrada que representa al hijo espiritual de un iniciado; utilizada en ciertos rituales como soporte simbólico.

  • Ifá : un complejo sistema de adivinación de origen yoruba, basado en la interpretación de signos (odu) por parte del babalawo. Es también un camino espiritual en sí mismo.

  • Iyawó : persona que ha sido iniciada recientemente y está sujeta a reglas estrictas durante un año después de la iniciación (ropa blanca, comportamientos específicos, etc.).

  • Obatalá : orisha de la paz, la sabiduría y la creación humana. Representa la pureza y el orden.

  • Ochún (o Oshún) : orisha de los ríos, el amor, la feminidad, la belleza y la prosperidad.

  • Orisha : deidad o fuerza espiritual del panteón yoruba, cada uno con rasgos, colores, días y preferencias.

  • Ounfó : templo o casa religiosa en la que se celebran los ritos de la santería.

  • Santo : término común para designar a un orisha, en relación con el sincretismo entre santos católicos y deidades yorubas.

  • Santería : religión afrocubana sincrética nacida de la fusión de las creencias yoruba y el catolicismo.

  • Toque de santo : ceremonia musical ritual con tambores sagrados (tambores bàtá ) para invocar y honrar a los orishas.

  • Yemayá : orisha del mar, madres, gestación y protección maternal.


Fuentes:

  • Brown, David H. Santería entronizada: Arte, ritual e innovación en una religión afrocubana. University of Chicago Press, 2003.

  • Hagedorn, Katherine J. Expresiones divinas: La práctica de la santería afrocubana. Smithsonian Institution Press, 2001.

  • Brandon, George. Santería de África al Nuevo Mundo: Los muertos venden recuerdos. Indiana University Press, 1993.

  • Barnett, Miguel. La Regla de Ocha: El culto de los orichas en Cuba. Letras Cubanas, 1995.

  • Encyclopædia Britannica, “Santería”.

  • Museo Nacional Smithsonian de Historia Americana, “Santería y religiones afrocaribeñas”.

  • Centro de Folklore y Patrimonio Cultural, “El culto a los orishas en Cuba”.

  • Entrevista a un babalawo cubano, recogida como parte del proyecto Voces del Espíritu, Universidad de La Habana, 2018.

Olivier d'Aeternum
Par Olivier d'Aeternum

Apasionado por las tradiciones esotéricas y la historia de lo oculto, desde las civilizaciones tempranas hasta el siglo XVIII, comparto artículos sobre estos temas. También soy cofundador de la tienda esotérica en línea Aeternum.

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