Uso de una tabla ouija

Crear las condiciones adecuadas

Usar una tabla Ouija no requiere ningún don especial ni conocimientos avanzados, sino un estado de ánimo preciso: calma, respeto, intención clara. Antes de comenzar, es esencial elegir un lugar tranquilo, sin ruidos molestos ni tensión en el ambiente. La luz puede estar tenue, una vela encendida si ayuda a crear un ambiente. Lo que importa no es la estética, sino la atención que prestas a ese momento. La tabla no se reduce a un objeto de madera o cartón; actúa como un médium, un puente, un soporte de contacto entre lo visible y lo invisible.

Entrar en el diálogo

Coloca la tabla plana frente a ti. Si son varios, siéntense en círculo alrededor de ella. Si estás solo, procura mantenerte anclado, concentrado y relajado. Coloca la gota en el centro de la tabla. Apoya tus dedos suavemente sobre ella, sin presionar, solo para crear una conexión ligera. No se trata de fuerza física, sino de presencia mental. Respira. Mantente atento. Antes de hacer una pregunta, puedes marcar una apertura: una palabra, una frase, un pequeño momento de silencio. Algunos eligen protegerse con una oración, un círculo simbólico o un pensamiento claro. No tiene que ser complicado ni codificado, solo sincero. Luego, habla en voz alta o interiormente. Dirígete al espíritu que deseas contactar, o deja la puerta abierta a una entidad benevolente. Lo esencial es formular preguntas claras, simples, y mantener la concentración en lo que sientes. La gota puede quedarse inmóvil al principio. A veces, se desliza muy lentamente. Otras veces, parece poseída por una energía particular. Deja que venga lo que venga, sin forzar ni apresurar. Anota las letras, las palabras, las posibles respuestas. Evita interrumpir o reír nerviosamente. Incluso si no sucede nada, toma esto como una experiencia en sí misma.

Finalizar con respeto

Cuando sientas que ha llegado el momento de terminar, da las gracias, aunque no hayas percibido nada. Mueve suavemente la gota hacia «adiós», espera a que se detenga y luego retira tus manos. No te levantes de la mesa de golpe. Tómate unos minutos para reenfocarte, respirar y volver a ti. Este tipo de sesión, incluso en silencio, puede remover cosas invisibles. Guarda la tabla en un lugar tranquilo, apartado. No la dejes abierta o puesta sin intención. Merece cierto respeto, como cualquier herramienta que se usa para interrogar lo que está más allá de lo ordinario.