Oración a Nuestra Señora de las Victorias

¡Tú que colmas mi esperanza, oh Madre!

Escucha el humilde canto de amor y gratitud que

viene del corazón de tu hijo... A las obras de un

misionero me has unido sin retorno, por los lazos de

la oración, el sufrimiento y el amor.

A él, le corresponde atravesar la tierra, predicar el nombre de Jesús.

A mí, en la sombra, el misterio, practicar humildes virtudes.

El sufrimiento, lo reclamo, amo y deseo la Cruz.

¡Para ayudar a salvar un alma, quisiera morir mil veces!

En mi profunda soledad, María,

quiero ganar corazones.

Por tu apóstol, al fin del mundo

convertiré a los pecadores.

Por él, el agua santa del Bautismo, del niño más pequeño de un

día, hará el templo donde Dios mismo

se digne habitar en su amor.

Después del exilio de esta vida, al anochecer de la gloriosa batalla,

disfrutaremos en la Patria los frutos de nuestro apostolado.

A él el honor de la Victoria

ante el ejército de los Bienaventurados.

A mí, el reflejo de su gloria eternamente en los cielos.