El concepto del Ouija está relacionado con la larga tradición de herramientas de adivinación y comunicación con el más allá, que se remonta a la Antigüedad. Sin embargo, la forma moderna del Ouija, como tablero impreso con letras, números y palabras simples como "sí" y "no", se desarrolló en Estados Unidos hacia finales del siglo XIX. Este período estuvo marcado por un gran interés en el espiritismo y lo sobrenatural, en parte debido a los estragos de la Guerra Civil estadounidense y las epidemias, que dejaron a muchas personas deseosas de comunicarse con seres queridos fallecidos.
En 1890, Charles Kennard y Elijah Bond comenzaron a comercializar el primer tablero Ouija, afirmando que el nombre había sido dado por el espíritu mismo y significaba "buena suerte" en egipcio antiguo (una afirmación históricamente incorrecta). Poco después, William Fuld tomó el control de la producción y comenzó a vender el Ouija bajo su propia compañía. A Fuld se le atribuye a menudo la invención del Ouija, aunque en realidad fue uno de los primeros en comercializarlo con éxito. También explicó que el nombre provenía de la combinación de las palabras francesa (oui) y alemana (ja) para "sí".
Sin embargo, el Ouija también ha sido objeto de muchas controversias, especialmente por parte de grupos religiosos que lo consideraban una herramienta para invocar malos espíritus o como una puerta abierta hacia lo demoníaco. El cine también lo ha utilizado en numerosas películas de terror.
Como todo artefacto mágico, especialmente en lo que respecta a la comunicación con el otro mundo, es importante mantenerse alerta. Molestar a los muertos "por diversión" tiene consecuencias. A pesar de ello, este tipo de espiritismo no es negativo si se usa correctamente, a diferencia de la imagen negativa que puede tener este objeto.

















