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La alquimila (Alchemilla vulgaris) mantiene un antiguo vínculo con la alquimia y la transmutación, hasta el punto de que su propio nombre deriva de esta reputación. Las gotitas recogidas en el hueco de sus hojas, consideradas durante mucho tiempo una forma de rocío especialmente puro, interesaron a los alquimistas, quienes las integraron en sus investigaciones y preparaciones. En particular, se asociaron con las operaciones relacionadas con la transformación de la materia, la transmutación de los metales y la búsqueda de la piedra filosofal.
Una planta para la alquimia y la transformación
Esta historia convierte a la alquimila en una planta especialmente adecuada para los trabajos simbólicos de transmutación, transformación y cambio de estado. Puede acompañar una operación alquímica, colocarse sobre un altar consagrado al Arte hermético o incorporarse a preparaciones cuya intención sea hacer evolucionar una situación de un estado a otro. Por ello, su simbolismo resulta apropiado tanto para la transformación de la materia como para las operaciones de transformación personal.
El Manto de Nuestra Señora, una planta de Venus
También conocida como Manto de Nuestra Señora, la alquimila posee una importante dimensión femenina y fue relacionada con la Virgen María en el folclore cristiano europeo. Asociada a Venus en las correspondencias ocultistas, también se vincula con la belleza, la feminidad y las cualidades situadas bajo la influencia de este planeta. Así, puede acompañar los trabajos relacionados con la alquimia, la transmutación, la transformación y la belleza, así como las operaciones venusinas.

















