Durante varios siglos, la brujería fue percibida como una amenaza real en Europa. Considerada un crimen gravísimo, enviaba a mujeres y hombres a la hoguera, bajo la acusación de pacto con el diablo. Sin embargo, en 1682, Luis XIV, rey absoluto de Francia, pone fin a esta lógica. Firma un edicto que cambia para siempre la manera en que la justicia considera la magia. Este giro marca el fin oficial de las grandes cacerías de brujas en suelo francés.
1. La brujería, un crimen religioso convertido en asunto de Estado
A partir del siglo XIII, la Iglesia católica asimila la magia a la herejía. El vínculo entre brujería y diabolismo toma forma, sobre todo bajo la influencia de teólogos medievales y manuales como el Malleus Maleficarum, publicado en 1487. Desde entonces, practicar la magia ya no es solo un pecado, es una ofensa directa a Dios, digna de ser perseguida por la Inquisición durante las cacerías de brujas.

Grabado histórico que ilustra una escena de cacería de brujas
En Francia, sin embargo, la Inquisición nunca tuvo el mismo poder que en otros países católicos (como en España o Italia, donde fue aún más violenta). Son las jurisdicciones civiles, en particular los parlamentos provinciales, quienes se encargan de los casos de brujería. La justicia se convierte entonces en un asunto local, influenciado por creencias populares, rivalidades vecinales y miedos colectivos.
2. Miles de víctimas, sobre todo en el este de Francia
Entre los siglos XV y XVII, Francia conoce varias oleadas de juicios por brujería, especialmente en las regiones del este: Lorena, Franco Condado, Alsacia. Estas zonas fronterizas, marcadas por conflictos religiosos y tensiones sociales, concentran gran parte de las ejecuciones.
Se estima hoy que aproximadamente 3.000 a 4.000 personas fueron ejecutadas por brujería en Francia, de un total europeo de alrededor de 40.000 a 60.000 víctimas. La gran mayoría son mujeres, a menudo marginadas o simplemente demasiado visibles en su comunidad. A través de ellas, se ataca toda una forma de saber popular – cuidados, adivinación, transmisión oral – más conocida como la brujería rural.
3. ¿Por qué la brujería se asocia con el diablo?
La imagen de la bruja como sirviente del demonio no proviene de las tradiciones populares, sino de una construcción ideológica de la Iglesia. A partir de la Edad Media, las autoridades eclesiásticas forjan un relato en el que el brujo hace un pacto con el diablo, participa en aquelarres, reniega de la fe cristiana y busca dañar a los cristianos. Esta visión se propaga en los tribunales y da una base teológica a la represión.

Hoguera. Fuente: Koikispass
La justicia no condena entonces solo un acto, sino una intención supuestamente maliciosa, un vínculo directo con las fuerzas del Mal. Es este desplazamiento el que transforma los simples rituales o remedios en actos considerados como heréticos y criminales.
4. Luis XIV frente a las supersticiones judiciales
A finales del siglo XVII, las mentalidades evolucionan. En la corte, en los círculos eruditos, los juicios por brujería son ahora vistos como asuntos ridículos, surgidos de las "campañas ignorantes". Luis XIV, apegado a la imagen de un reino moderno, centralizado y racionalizado, no puede tolerar que tales asuntos empañen la autoridad real.
Recordemos el contexto: el reino de Francia es el más poderoso de Europa, y uno de los más poderosos del mundo. Posee el ejército más grande de Europa, desarrolla un modelo mercantilista sólido y una economía floreciente, y la lengua francesa se convierte en la lengua diplomática y cultural de la élite. En otras palabras, todos los ojos del mundo están puestos en el poder de Francia y, por ende, en el rey.

Luis XIV conduciendo su carruaje en el parque de Versalles, Eugène Louis Lami
Luis XIV también quiere retomar el control sobre una justicia que considera demasiado fragmentada. Los parlamentos provinciales, aún propensos a juzgar casos de brujería, escapan a su dominio. Poner fin a estos juicios le permite así reforzar su poder absoluto sobre el aparato judicial.
5. El edicto real del 24 de abril de 1682: una ruptura histórica
El 24 de abril de 1682, Luis XIV publica un edicto real titulado: « Edicto del rey que establece que los supuestos sortilegios solo serán punibles cuando haya un crimen o delito comprobado ».
Este texto afirma que los actos de brujería solo pueden ser perseguidos si están relacionados con un crimen real: envenenamiento, estafa, disturbios públicos. La magia, como práctica aislada, ya no pertenece al derecho penal.
El edicto no declara que la brujería no existe, ni que el diablo es una ficción. Simplemente establece que ninguna acusación podrá prosperar sin pruebas concretas. Esto basta para desactivar la mecánica de los juicios por brujería.
6. Una justicia más racional, pero no una rehabilitación
Sin embargo, sería erróneo ver a Luis XIV como un defensor de las brujas o un precursor de la libertad de creencia. Su decisión no está guiada por la compasión, sino por consideraciones políticas y administrativas. Quiere una justicia eficaz, controlada, libre de impulsos que escapen a su lógica monárquica.
No obstante, esta decisión marca un giro decisivo. A partir de 1682, los juicios por brujería desaparecen progresivamente en Francia. La hoguera se apaga. El miedo al diablo pierde su poder judicial. La magia, por su parte, no desaparece: se vuelve más discreta, más subterránea, pero sigue existiendo en los márgenes, aunque profundamente marcada por estas persecuciones.















