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Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

EN EL SUMARIO...

 

1. Orígenes del término y primeros significados
2. Un término genérico para los cultos afrobrasileños
3. Una palabra controvertida y a menudo peyorativa
4. Percepciones cambiantes y reapropiación del término


Inicialmente designando un simple instrumento de percusión, la macumba se convirtió en un término genérico para hablar de los ritos provenientes de África, entre sincretismo y rumores de magia negra. Sin embargo, detrás de esta denominación vaga se esconden tradiciones ricas desplazadas a los márgenes de la sociedad, cada una portadora de un legado espiritual y cultural.

1. Orígenes del término y primeros significados

La palabra macumba proviene de África, donde no tenía inicialmente la connotación mística que se le atribuye hoy. Según varias fuentes lingüísticas, macumba provendría de una lengua bantú de Angola (el kimbundu), en la que ma'kôba designa un instrumento de percusión africano similar al reco-reco. En otras palabras, originalmente, la macumba era un instrumento musical – una especie de sonajero o matraca de madera – usado durante rituales. En el Brasil colonial y postcolonial, este término se aplicó a este instrumento importado por los esclavos africanos, y por extensión, el macumbeiro era el músico que lo tocaba.

Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

Macumba tradicional. Fuente: Wikipedia

Sin embargo, el significado de la palabra no se limitó mucho tiempo al instrumento. Desde finales del siglo XIX y principios del XX, macumba amplió su sentido para designar más ampliamente prácticas religiosas afrobrasileñas. Algunos investigadores sugieren otra etimología posible, esta vez del kikongo (lengua del Congo): el término kumba, que significa «brujo» o designa prácticas de magia. El lingüista Antenor Nascentes propuso por su parte un origen en dikumba («candado» en kimbundu), en referencia a ceremonias secretas de «cierre del cuerpo». En cualquier caso, estas hipótesis reflejan una realidad: desde el cambio de siglo XX, “macumba” llegó a designar no solo un instrumento, sino también un conjunto de rituales y prácticas espirituales. Se trata de un notable desplazamiento semántico: el público comenzó a asociar el nombre del instrumento con las ceremonias donde se tocaba, y luego con los cultos en general.

2. Un término genérico para los cultos afrobrasileños

En Brasil, macumba se convirtió rápidamente en un término genérico que abarca diversos cultos afrobrasileños, especialmente en la región de Río de Janeiro. Para muchos brasileños, sobre todo no iniciados, esta palabra llegó a designar «todo lo relacionado con las religiones afro», sin distinguir entre tradiciones específicas. Así, no era raro decir que una persona «hace macumba» para significar que practica alguna religión afrobrasileña. De igual forma, se hablaba en plural de «macumbas» para referirse a estos cultos afro originarios de África Occidental o Angola y sus variantes regionales.

Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

Altar en Umbanda. Fuente: Flickr

En realidad, la macumba no es una religión formal única, sino una palabra comodín a la que se han asociado varias tradiciones afrobrasileñas distintas. Entre ellas, se pueden citar especialmente el candomblé, la umbanda, la quimbanda o el batuque, cada una con sus propios ritos y deidades. Por ejemplo, en Bahía se practica el candomblé (culto de los orixás de origen yoruba), mientras que en Recife se habla de Xangô para un culto similar, y en Río Grande do Sul el culto a los orixás se llama batuque. El término macumba, en cambio, fue especialmente popular en Río de Janeiro para designar el conjunto de estas prácticas. Desde principios del siglo XX, se hablaba de las «macumbas cariocas» (es decir, de Río) para referirse a los cultos afrobrasileños locales. Estas macumbas de Río eran religiones sincréticas que mezclaban varias influencias: herencias bantúes de Angola (por ejemplo el culto cabula), culto a los orixás yorubas traído por esclavos de Nigeria y Benín, prácticas indígenas amerindias (pajelança, etc.), sin olvidar elementos tomados del catolicismo popular y del espiritismo europeo. En este sentido, la “macumba” servía de término paraguas para describir una mezcla de ritos afrobrasileños con raíces múltiples, tal como existía especialmente en Río a principios del siglo XX.

Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

Altar en Quimbanda

Esta evolución fue observada por testigos de la época. El folclorista Luís da Câmara Cascudo señala que alrededor de 1900, los cariocas (habitantes de Río) todavía usaban la palabra «candomblé» de forma general para hablar de estos cultos afrobrasileños, como se hacía en Bahía. Pero luego, «el término genérico “macumba” se impuso», antes de ser reemplazado más tarde por otras denominaciones como «kiumbanda» (quimbanda). De hecho, a partir de los años 1930, la religión llamada Umbanda se institucionalizó en Río de Janeiro, distinguiéndose poco a poco del término vago macumba. La Umbanda ofrecía un marco más organizado y respetable para estas prácticas, mientras que la palabra macumba seguía usándose para designar de manera vaga los rituales «tradicionales» o no cristianizados. Por su parte, la Quimbanda llegó a designar más específicamente los ritos orientados hacia la magia espiritual (asociados al culto de los espíritus de Exu), en oposición a los ritos más «luminosos» de la Umbanda. Estas evoluciones terminológicas muestran que el panorama de las religiones afrobrasileñas se fue aclarando poco a poco, aunque en el lenguaje común, macumba siguió siendo un cajón de sastre conveniente.

3. Una palabra controvertida y a menudo peyorativa

Aunque el término macumba ha sido ampliamente usado, es controvertido, impreciso y cargado de una connotación negativa. En boca de muchos brasileños, «macumba» se emplea casi como sinónimo de brujería o magia negra. Históricamente, se ha asociado con ideas de charlatanería o prácticas ocultas malintencionadas. Por ejemplo, desde los años 1920, las iglesias cristianas de Brasil – en particular la Iglesia católica y más tarde ciertos movimientos evangélicos – llevaron campañas virulentas contra la macumba, calificándola de culto «profano» y demoníaco, contrario a las leyes de Dios. Este discurso arraigó la idea de que macumba rima con «vudú» o «culto al diablo» a los ojos de parte de la población, reforzando los prejuicios.

Macumba, de riqueza espiritual a estigmatización

Ofrenda ritual para Exu

Los medios y la cultura popular también han alimentado esta imagen polémica. A mediados del siglo XX, por ejemplo, se encuentra la palabra en expresiones peyorativas como «chuta que é macumba!»¡patea, que es macumba!»), frase lanzada en tono de burla al ver una ofrenda en una esquina. Esta orden, aparentemente inocua, en realidad incita a la profanación de un ritual afrobrasileño – un gesto claramente intolerante en el plano religioso. Hoy en día, tales actitudes están reprimidas por la ley brasileña, pues se asimilan a racismo o intolerancia religiosa (la legislación de 1997 castiga las ofensas a cultos de origen africano al igual que las discriminaciones raciales).

¿Por qué macumba se volvió una palabra tan cargada negativamente? Gran parte de la respuesta reside en el racismo estructural en Brasil. Como señala el antropólogo y babalorixá Rodney William, todo lo asociado a la cultura negra en Brasil ha sido durante mucho tiempo devaluado o estigmatizado. Las religiones afrobrasileñas no escaparon a este fenómeno: en el imaginario de la sociedad colonial y luego moderna, el candomblé o la umbanda eran relegados a la categoría de «prácticas de salvajes» o «supersticiones de gente atrasada». Se calificaba la capoeira de «cosa de delincuentes», el samba de «música de vagos», y la macumba de «brujería de ignorantes malintencionados». Esta descalificación sistemática formaba parte de un proceso más amplio de demonización de la cultura africana. Por ejemplo, la entidad espiritual Exu (dios mensajero en el candomblé) fue caricaturizada como diablo desde la perspectiva cristiana, lo que en realidad refleja la diabolización del pueblo negro mismo, explica Rodney William. En otras palabras, tratar estas religiones de «macumba» con tono despreciativo refleja un legado de prejuicios raciales y culturales.

Además, la vaguedad del término alimentó los abusos del lenguaje. Puesto que macumba no remite a ninguna iglesia instituida ni a un dogma preciso, se ha usado erróneamente para designar cualquier cosa – desde rituales sagrados auténticos hasta supersticiones mercantiles. Por ejemplo, algunos autores calificaron de macumbeiros a charlatanes que se aprovechan de la credulidad de la gente prometiendo hechizos y milagros a cambio de dinero. Al mismo tiempo, la gente común llamaba «macumba» al hecho de dejar ofrendas rituales en una encrucijada por la noche, con la intención de lanzar un hechizo o alejar el mal. Estas ofrendas (llamadas despachos cuando se depositan fuera del templo) están típicamente dedicadas a Exu, y consisten en velas encendidas, cachaça (aguardiente), chiles, farofa (harina de yuca), todo dispuesto en un cuenco o plato en plena calle. A ojos del gran público, este tipo de escena alimenta la reputación de «magia negra» que rodea a la macumba. Sin embargo, hay que señalar que estas prácticas mágicas representan solo una pequeña faceta de los cultos afrobrasileños y son incluso desalentadas por la mayoría de los sacerdotes de candomblé o umbanda. Reducir la macumba a estos actos ocultos es desconocer la riqueza y espiritualidad de estas religiones.

4. Percepciones cambiantes y reapropiación del término

Con el tiempo, la percepción de la macumba ha experimentado evoluciones y matices. Por un lado, el término permaneció peyorativo en el lenguaje común durante gran parte del siglo XX, transmitiendo misterio y temor. En la literatura brasileña, por ejemplo, se menciona ceremonias de macumba a veces de forma exótica, a veces crítica. El célebre escritor Mário de Andrade, en su novela Macunaíma (1928), describe una “macumba para Exu” en Río en casa de la famosa Tia Ciata – una sacerdotisa y cocinera afrobrasileña – en presencia de varios artistas y poetas de la época. Este testimonio literario muestra que a finales de los años 1920, la alta sociedad intelectual se interesaba por estos rituales llamados macumba. Asimismo, en los años 1930-40, la palabra aparece en títulos de canciones grabadas en Río: se bailaba con puntos de macumba como “Macumba (Ponto de Ogum)” o “Macumba de Oxóssi”, popularizados por músicos de samba de la época. Estos ejemplos históricos atestiguan que el término macumba era de uso común para designar los cantos y reuniones rituales afrobrasileñas – especialmente en Río de Janeiro, cuna de la umbanda. En otras palabras, en el contexto de los años 1930, hablar de macumba no era necesariamente un insulto: podía simplemente referirse a las ceremonias afrobrasileñas en general, conocidas por todos (aunque solo de reputación).

No obstante, esta relativa normalización coexistía con el desprecio y la persecución. Durante la primera mitad del siglo XX, los cultos afrobrasileños – a menudo etiquetados globalmente como macumba – fueron objeto de represión policial y burlas públicas. Las autoridades confiscaban frecuentemente objetos rituales (atabaques, estatuas, amuletos,…) durante redadas en los terreiros, y exhibían estos «objetos de macumba» como trofeos para desalentar las prácticas consideradas supersticiosas. La estigmatización era tal que muchos adeptos practicaban sus rituales en secreto para evitar ser arrestados o ridiculizados.

A partir de los años 1970 y sobre todo a finales del siglo XX, se observa un movimiento de reconocimiento y orgullo identitario en torno a las religiones afrobrasileñas. La palabra macumba, a pesar de su carga negativa, comenzó a ser reivindicada por algunos practicantes en un proceso de reapropiación. «Macumbeiro» – antaño un insulto – se convirtió en un apodo orgullosamente reclamado por algunos iniciados, al igual que términos antes peyorativos como «negro» que han sido resignificados positivamente por los afrodescendientes. Como explica Rodney William, solo un miembro de estas comunidades religiosas puede permitirse usar esta palabra de manera positiva: «había una regla tácita: solo un macumbeiro podía llamar macumbeiro a otro macumbeiro». Entre iniciados, usar este término era en cierto modo reivindicar una solidaridad y un arraigo común. Al asumir este calificativo antes infamante, los practicantes buscan revertir el estigma y afirmar su «territorio de resistencia». Hoy en día, no es raro oír en círculos de adeptos frases como «com orgulho, sou macumbeiro» («soy macumbeiro y orgulloso de serlo»). Este cambio de sentido forma parte de la lucha más amplia contra el racismo y por la valorización del legado afrobrasileño.

Sin embargo, esta rehabilitación de la palabra sigue siendo interna a las comunidades implicadas. Los antropólogos y líderes religiosos generalmente aconsejan a los no practicantes evitar usar el término macumba para hablar de estas religiones, debido a su pasado peyorativo aún vigente. Es más correcto y respetuoso nombrar cada religión por su nombre propio: decir culto del candomblé, ritual de umbanda, etc., exactamente como se haría la distinción entre catolicismo, protestantismo, islam, etc. «La gente debería referirse al candomblé, a la umbanda y a otros cultos afro de la misma manera que hablan de otras religiones: con respeto», insiste Rodney William. Porque aunque el vocablo macumba ha sido en parte «resignificado» positivamente por los propios iniciados, su uso por una persona externa aún puede percibirse como una generalización reductora o una muestra de falta de respeto.


Así, la historia de la macumba es la de una palabra que creció en el encuentro de dos mundos, desbordando su sentido inicial para abarcar todo un mosaico de cultos afrobrasileños. Entre estigmatización y reapropiación, testimonia los prejuicios y la resiliencia de las comunidades afrodescendientes. Comprender su verdadero alcance es primero aprender a distinguir cada tradición por su nombre, con el respeto y la curiosidad que merecen. Así cobra todo su sentido el esfuerzo de llamar candomblé, umbanda o quimbanda por su verdadera identidad, y dejar que la macumba recupere sus raíces musicales: un eco lejano que aún resuena en los tambores de Brasil.

Olivier de Aeternum
Par Olivier de Aeternum

Apasionado por las tradiciones esotéricas y la historia del ocultismo desde las primeras civilizaciones hasta el siglo XVIII, comparto algunos artículos sobre estos temas. También soy co-creador de la tienda esotérica en línea Aeternum.

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