Como quizás sepan, detrás de Aeternum se encuentra una pequeña empresa con sede en Bretaña (en el sur de Finisterre para ser precisos). Y es bien sabido que este territorio vive al ritmo de leyendas, mitos y prácticas mágicas más o menos conocidas (Brocéliande, Merlín, la Hada Viviana, los Alineamientos y muchos más). Así, para poner en valor nuestro hermoso territorio, publicaremos regularmente leyendas poco conocidas provenientes de la historia bretona.
Por una vez, nos encontramos esta vez en el corazón del bosque de Brocéliande para una historia aparentemente trivial pero que desencadenó un verdadero cataclismo.

Foto: Destination Brocéliande
Cerca del Árbol de Oro, un roble sagrado en el corazón del bosque, tuvo lugar un evento que cambió para siempre el destino de las hadas. Al observar a los hombres transformarse a lo largo de los siglos, las hadas, criaturas inmortales y sabias, tomaron una decisión fatídica: para protegerse de la evolución de los hombres, concluyeron un pacto solemne. Este juramento las comprometía a permanecer siempre ocultas a la vista de los mortales, a salvo de sus codicias y de su deseo de dominar el mundo mágico.
Así, las hadas se retiraron a lugares donde ningún hombre se atrevería a buscarlas. Algunas huyeron a las aguas profundas de los ríos, otras se refugiaron en el hueco de árboles centenarios, y otras más se fundieron en tierras salvajes, donde nunca se había dejado huella humana. Entre ellas, siete hadas eligieron un lago secreto de Brocéliande como su hogar. Este lago, de aguas cristalinas y místicas, se convirtió en su santuario. Pasaban sus días allí, ocultas bajo la superficie, y cada noche, a la luz de las estrellas, salían en silencio para contemplar sus reflejos en el agua, como una danza sagrada que celebraba su belleza inmortal.
Una noche, un hermoso caballero, atraído por la magia del lugar, se acercó al lago. Sus ojos, penetrantes y llenos de curiosidad, parecían escudriñar las profundidades en busca de secretos ocultos. Las hadas, sorprendidas, se retiraron a las sombras, con el corazón latiendo al ritmo de su inquietud. Solo la más joven de ellas, Morgana, sintió una inquietud diferente. No sentía el miedo que animaba a sus hermanas; no, se sintió irresistiblemente atraída por aquel mortal. En un instante, su corazón se encendió con un amor intenso e irracional.

Revelada por este amor naciente, Morgana rompió el pacto sagrado, despertando la ira y el miedo de sus semejantes. Al dejarse invadir por este sentimiento prohibido, provocó la primera de las grandes guerras feéricas. La furia estalló en el bosque de Brocéliande, donde la magia y la ferocidad de las hadas se entrelazaron, y la guerra duró siglos. Los combates fueron tan intensos que el suelo del bosque, aún hoy, conserva la marca de esa época de violencia. La tierra, teñida de tonos rojos y marrones, lleva las huellas de la sangre de las hadas que perecieron en gran número.
Hoy, los ancianos susurran que las descendientes de estas siete primeras hadas aún viven en las profundidades de Brocéliande. Sus cantos melodiosos se elevan a veces entre los árboles para quienes saben escuchar. Tal vez, si te aventuras en el corazón del bosque y la magia te invita, tengas la suerte de cruzarte con una de ellas y escuchar el eco de esta antigua leyenda...




























































































































