Como quizás sepan, detrás de Aeternum se encuentra una pequeña empresa ubicada en Bretaña (en el sur de Finisterre para ser precisos). Y es bien sabido que este territorio vive al ritmo de leyendas, mitos y prácticas mágicas más o menos conocidas (Brocéliande, Merlín, la Hada Viviana, los Alineamientos y muchos más). Así, para poner en valor nuestro hermoso territorio, publicaremos regularmente leyendas poco conocidas provenientes de la historia bretona. Esta semana, rumbo a las puertas de Bretaña.
En los pasillos del castillo de Vitré, que sirvió de prisión en ciertas épocas, vivía un jefe de carceleros temido por su autoridad implacable. Este último era conocido por su excesiva inclinación al alcohol, que a menudo prefería sobre las necesidades de los prisioneros bajo su custodia.
Una noche, mientras un cautivo inocente imploraba su clemencia, el carcelero, absorto en su botella, ignoró sus llamados de ayuda. El prisionero murió esa noche, solo y olvidado. Poco después, el carcelero fue presa de terribles remordimientos, pero su adicción lo consumió poco a poco. Aislado y presa de la locura, sucumbió en una de las celdas, sin nadie que le brindara auxilio. Se dice que murió de sed, irónicamente castigado por el destino.

Desde entonces, su espíritu vagaría por los oscuros pasillos del castillo. Los visitantes habrían escuchado su voz espectral susurrar: "A beber... a beber…", un eco de su sed eterna y de sus pecados pasados. Algunos dicen que aún busca una redención que nunca encontrará.




























































































































