Como quizás sepan, detrás de Aeternum se encuentra una pequeña empresa con sede en Bretaña (en el sur de Finisterre para ser precisos). Y es bien sabido que este territorio vive al ritmo de leyendas, mitos y prácticas mágicas más o menos conocidas. Así, para poner en valor nuestro hermoso territorio, publicaremos regularmente leyendas poco conocidas de la historia bretona. Esta semana exploramos a uno de los personajes más famosos: Merlín y su verdadera historia. Por cierto, les recomiendo mucho la visita al castillo de Suscinio, que narra esta historia en una puesta en escena muy lograda.
Había una vez, en las antiguas tierras de Bretaña (que aún se llamaban Armorica), una mujer que los religiosos decían pura, pero que tuvo un hijo sin haber conocido jamás a un hombre. Los sabios del reino la sospecharon de un pacto con un espíritu maligno, y fue cierto: había sido visitada por un demonio. Este niño, medio hombre, medio espíritu, recibió dones que nadie más poseía: veía el pasado y el futuro, leía los pensamientos y comprendía el lenguaje de las estrellas. Se llamaba Merlín.
Desde su infancia, mostró signos de una sabiduría extraña. Un rey llamado Vortigern lo convocó, porque sus constructores no lograban erigir una torre que se derrumbaba cada noche. Merlín explicó que dos dragones dormían bajo la tierra: uno rojo, otro blanco. Cuando fueron desenterrados, se pelearon. El dragón rojo perdió. Merlín leyó en ello el futuro: el dragón blanco representaba a los invasores sajones, pero un día, un rey venido de entre ellos los expulsaría. Ese rey sería Arturo, hijo de Uther Pendragon.
Merlín se convirtió entonces en consejero del rey Uther. Cuando este se enamoró de Ygraine, esposa del duque de Cornualles, Merlín usó su magia para darle la apariencia del duque. Aquella noche, Arturo fue concebido. A cambio de este servicio, Merlín exigió que el niño le fuera confiado al nacer.
Arturo creció lejos de la corte, criado sin saber quién era. Cuando Uther murió, el reino cayó en el caos. Merlín hizo clavar una espada en una piedra. Solo el verdadero rey podría sacarla. Arturo, aún joven, realizó el gesto. Los señores se sometieron.

Merlín permaneció a su lado, ayudándolo a establecer la paz, a fundar la Mesa Redonda, a guiar a los caballeros. Pero sus propios días de luz se oscurecían. Conoció a una joven, Viviane, en la
Desde ese día, se dice que su tumba reposa en Brocelianda, muy cerca del Valle sin Retorno. Antes era un conjunto de megalitos, erigidos como menhires. De esa sepultura legendaria, aún subsisten dos piedras, separadas, pero consideradas los vestigios del monumento que habría sellado el destino del gran encantador.
Y algunos, aún hoy, afirman que al caer la noche, Merlín susurra a quienes saben escuchar el canto del viento en los robles de Brocelianda...















