Como quizás sepan, detrás de Aeternum se encuentra una pequeña empresa con sede en Bretaña (en el sur de Finisterre para ser precisos). Y es bien sabido que este territorio vive al ritmo de leyendas, mitos y prácticas mágicas más o menos conocidas (Brocéliande, Merlín, la Hada Viviane, los Alineamientos y muchos más). Así, para poner en valor nuestro hermoso territorio, publicaremos regularmente leyendas poco conocidas provenientes de la historia bretona.
Descubramos juntos la leyenda de la bruja de Locronan, ciudad de Finisterre considerada la fuente del alma bretona...
En la pintoresca ciudad de Locronan vivía una mujer de una belleza e inteligencia excepcionales, pero cuya naturaleza profunda era fuente de misterio. Esta mujer, conocida como Arzhela, vivía alejada de la ciudad, en una casa oculta por el denso bosque que bordeaba Locronan. Arzhela poseía conocimientos ancestrales, heredados de sus antepasadas, que la convertían en una sanadora respetada pero también temida. Porque Arzhela guardaba un secreto: era una bruja.
Los aldeanos tenían la extraña impresión de haberla visto siempre con la misma ropa y la misma apariencia, sin importar la generación. Ni niña, ni anciana.

La bruja de Locronan podía comunicarse con las fuerzas de la naturaleza, invocar a los espíritus de los bosques y las aguas, y sobre todo, tenía el don de la metamorfosis, que le permitía tomar la apariencia de cualquier animal o fundirse con los elementos. Gracias a sus poderes, protegía Locronan de enfermedades, malas cosechas y energías negativas. Los habitantes, aunque temerosos de sus capacidades, habían aprendido a ofrecerle presentes para ganarse sus favores.
Sin embargo, la benevolencia de Arzhela tenía sus límites. Cuando alguien cometía una injusticia o amenazaba el equilibrio de la naturaleza, la bruja se vengaba con una severidad implacable. Se decía que los culpables quedaban atrapados en un hechizo, transformados en piedra o condenados a vagar por los bosques en forma de animales, perdidos para siempre.

La leyenda cuenta que un día, un rico comerciante intentó apropiarse de una parte del bosque sagrado para construir una gran mansión. Arzhela, furiosa por esta profanación, se transformó en cuervo y sobrevoló la ciudad, lanzando una advertencia aterradora.

El comerciante, ignorando la advertencia, continuó con sus planes. La noche siguiente, una tormenta de una violencia inaudita azotó Locronan, destruyendo la casa inacabada del comerciante y salvando el resto de la ciudad.
Nunca se volvió a ver al comerciante, y algunos dicen que aún vaga por los bosques en forma de lobo, llorando su codicia.

No se sabe con certeza si Arzhela sigue entre nosotros. Pero siempre se celebran festividades para marcar este vínculo con la naturaleza. En cualquier caso, estén atentos a los cuervos que crucen su camino...
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