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¿Conoce la Oniromancia, el arte de interpretar los sueños?

¿Conoce la Oniromancia, el arte de interpretar los sueños?

EN EL SUMARIO...

 

Los sueños antes de los griegos 
Los sueños como puente entre mortales y dioses
La Oniromancia, o la interpretación de los sueños
La incubación, o cuando el sueño se vuelve ritual
La magia de los sueños en la vida cotidiana...
... Hasta la manipulación
Aristóteles y el enfoque filosófico


Los sueños intrigan, eso es un hecho. Aunque su interpretación data de tiempos inmemoriales, nuestro conocimiento actual proviene de la Antigüedad. Desde siempre, los griegos consideraron el sueño como un paso entre el mundo de los dioses y el de los hombres. Los sueños eran así observados, interpretados, archivados y a veces incluso provocados mediante rituales particulares, en lo que se llama la magia de los sueños o Oniromancia. Presentación.

Por cierto, para saber más sobre la interpretación de los sueños, hemos creado nuestro Grimorio Onírico para ayudarte.

Los sueños antes de los griegos

En la Antigüedad, los babilonios y asirios ya consideraban los sueños como mensajes enviados por los dioses o los espíritus. Llevaban catálogos de sueños, donde cada visión estaba asociada a un significado preciso. Los egipcios, por su parte, poseían papiros enteros dedicados a la interpretación de los sueños, a menudo relacionados con la voluntad de los dioses o presagios para el faraón. Estas culturas ya practicaban una forma de adivinación onírica, pero su enfoque seguía siendo principalmente religioso.

Lo que distingue a los griegos es que integraron esta tradición en una reflexión filosófica y médica. Homero y Hesíodo mencionaban los sueños como mensajes de los dioses, y Pitágoras los consideraba un medio para acceder a verdades ocultas.

Los sueños como puente entre mortales y dioses

Para los griegos, el sueño no es un simple espejismo nocturno. Es un mensaje, una visión, a veces incluso una advertencia.

Los griegos dieron un nombre a los maestros de los sueños: los Oneiroi. Su filiación aún es un poco confusa: son hijos de Nix (la Noche misma) y de Erebo (dios de las tinieblas), o hijos de Hipnos (dios del sueño) y de Pasitea (diosa de las alucinaciones). Sea como sea, entre ellos, un nombre es particularmente conocido: Morfeo, quien moldea los sueños y les da rostros familiares. Bajo su mano, el durmiente ve aparecer seres conocidos, paisajes o presagios. Pero no es el único que reina en este mundo. Sus hermanos, Fantaso e Ícelos, manipulan respectivamente las visiones irreales y las pesadillas. Estos trillizos (aunque otras versiones afirman que eran más) susurran a los mortales imágenes que deberán descifrar al despertar.

¿Conoces la Oniromancia, el arte de leer los sueños?
Fuente: Medium


El sueño, para un griego, nunca es un simple reflejo del inconsciente. Es una puerta abierta a otra realidad, un espacio especial donde los dioses y los espíritus se comunican con los hombres. Un mensaje de Zeus, una visión de Apolo o una aparición de Hades pueden contener una revelación capital. Pero no todo sueño es bueno para seguir, como aprendió Agamenón. Algunos son engañosos, enviados para sembrar confusión. En la Odisea, Homero describe dos puertas por donde los sueños entran en el mundo de los vivos: la de marfil, por donde pasan las ilusiones, y la de cuerno, que deja entrar las visiones auténticas.

Los griegos viven entonces con esta incertidumbre: ¿cómo distinguir un sueño verdadero de una simple ilusión? Para ello, hay que saber interpretarlos, y algunos dedicaron su vida a convertirlo en un arte.

La Oniromancia, o la interpretación de los sueños

Así nació la Oniromancia, el arte de leer y comprender los sueños. Para quienes saben interpretarlos, el sueño se convierte en un libro abierto sobre el futuro o una brújula para entender el presente.

En las ciudades griegas, la Oniromancia es una práctica reconocida, consultada tanto por reyes como por viajeros. Algunos sueños se consideran evidentes: ver una serpiente anuncia una traición, ver un mar en calma es un presagio de serenidad. Pero otros son más complejos y requieren el ojo de un experto. Los adivinos, o oneiropólos, desempeñan este papel. Entre ellos, un nombre marcó la historia: Artemidoro de Daldis. Este griego del siglo II d.C. dedicó su vida a compilar los significados de los sueños en una obra monumental: la Onirocrítica. Este libro, verdadero manual de interpretación, se basa en la idea de que cada sueño debe analizarse según el contexto del soñador. Un rey y un comerciante no verán los mismos presagios en una tormenta en el mar, porque sus destinos son diferentes, aunque sus sueños parezcan idénticos.

¿Conoces la Oniromancia, el arte de leer los sueños?

Fuente: Odysseum

Los métodos de interpretación varían según las tradiciones. Algunos sueños se clasifican en categorías precisas: sueños proféticos (que anuncian el futuro), sueños simbólicos (que requieren interpretación) y sueños ordinarios (que son solo ecos de la vida cotidiana). Los griegos dan gran importancia a los detalles: ver caer los dientes se percibe como un signo de muerte en el entorno, soñar con robo anuncia una pérdida financiera. Estas interpretaciones no son fijas, evolucionan según el contexto y el individuo que sueña.

La Oniromancia no se limita a los especialistas. En la Antigüedad, cada uno intenta, a su nivel, comprender sus sueños. Los templos, en particular los de Apolo y Asclepio, son lugares privilegiados para buscar respuesta a las visiones nocturnas. Pero para obtener un sueño con sentido, aún hay que saber provocarlo. Aquí entra en escena la Incubación, una práctica donde el durmiente se instala en un lugar sagrado para esperar un mensaje divino.

La incubación, o cuando el sueño se vuelve ritual

Esta práctica, llamada Incubación, se basa en una idea simple: durmiendo en un lugar sagrado, lo más cerca posible de los dioses, el mortal puede entrar en contacto directo con lo divino.

Los templos de Asclepio, dios de la medicina, son los más famosos para estas noches de Incubación. El santuario de Epidauro, ubicado en el corazón del Peloponeso, es uno de los más visitados. Hombres y mujeres recorren a veces cientos de kilómetros para llegar, por una razón evidente: encontrar el remedio a sus sufrimientos o enfermedad. Al llegar, siguen un ritual preciso. Antes de poder acostarse en el abaton, una sala reservada a los soñadores, deben purificarse. Baños rituales, ofrendas y oraciones preceden siempre al sueño sagrado. Solo después de estos preparativos el peregrino puede dormirse bajo la protección del dios.

¿Conoces la Oniromancia, el arte de leer los sueños?
Fuente: Structurae

Al llegar la noche, comienza el ritual. Se dice que Asclepio aparece en persona a los soñadores, acompañado de serpientes sagradas (símbolo de regeneración) que lamen sus heridas para curarlas. Otros reciben visiones más oscuras, cuyo sentido debe interpretarse. Por la mañana, los sacerdotes del templo escuchan cada relato y dan una explicación. Si el mensaje es claro, el paciente se va con la prescripción del dios que solo debe seguir. En otros casos, se recomiendan sacrificios u oraciones complementarias para apaciguar a la divinidad y obtener una nueva visión.

¿Conoces la Oniromancia, el arte de leer los sueños?
Fuente: Hygeia

Dicho esto, la Incubación no está reservada solo a los enfermos. Algunos vienen a buscar un consejo, una respuesta a una pregunta que los atormenta. El sueño se convierte entonces en una brújula para iluminar el camino del soñador.

La magia de los sueños en la vida cotidiana...

Como todas las magias, la Oniromancia se vive a diario. Este conocimiento e interpretación salió de los muros de los templos para entrar en las casas. Y con ellos, intentos de manipulación más que de desciframiento.

De hecho, algunos buscan influir en sus sueños, provocar una visión favorable o alejar las pesadillas. Para ello, existen amuletos y rituales. Los griegos colgaban trozos de coral, una hoja de laurel o estatuillas de Hermes, el mensajero de los dioses y guía de las almas. Antes de dormirse, algunos susurraban oraciones a los Oneiroi para que les enviaran un sueño portador de respuestas.

Pero cuidado, cuando se habla de sueños, también se habla de pesadillas, que son temidas. Para protegerse, se trazan círculos de harina alrededor de la cama, se queman hierbas o se recitan encantamientos para alejar a los espíritus malignos.

Los griegos vivían así en un mundo donde el sueño nunca está vacío de sentido. Cada noche es una aventura, una conversación silenciosa entre hombres y dioses, un territorio por explorar donde a veces se juegan las decisiones del día siguiente. Al amanecer, el sueño desaparece, pero su mensaje queda, listo para ser interpretado por quienes saben escuchar.

... Hasta la manipulación

El hombre no puede resistir la tentación. Así que algunos griegos vieron en ello una herramienta de manipulación para lograr sus fines. Después de todo, Zeus lo hizo para incitar a Agamenón a atacar Troya, lo que lo llevó a su perdición. Quienes dominaban el arte de influir en los sueños, ya sea por la palabra, la astucia o prácticas rituales, tenían el poder de orientar las decisiones de otros.

Una de las formas más extendidas de esta manipulación era la onairoplokía (ὀνειροπλοκία), el arte de "tejer" los sueños para convencer a alguien de actuar en cierto sentido. Adivinos, sacerdotes y figuras políticas podían afirmar haber recibido un sueño profético y usarlo como arma de influencia. Al anunciar una visión donde un dios ordenaba una acción precisa, podían hacer cambiar decisiones estratégicas. Un rey dudoso de ir a la guerra podía ser convencido de que los dioses le aseguraban la victoria, así como un ciudadano podía ser impulsado a apoyar a un líder bajo el pretexto de que un sueño revelaba un presagio favorable.

En algunos casos, esta manipulación iba más lejos con prácticas relacionadas con la phantasmatopoiía, es decir, la "creación de apariciones". Esta técnica buscaba implantar visiones engañosas en la mente de un durmiente, usando rituales o encantamientos para hacerle ver imágenes que tomaría por reales. Algunos hechiceros y sacerdotes eran famosos por su capacidad para inducir sueños aterradores o inspiradores a distancia. Un rival político podía ser asediado por pesadillas que lo empujaban a renunciar a un proyecto, mientras que un discípulo podía ser fortalecido en su fe por una visión divina cuidadosamente influenciada.

La interpretación de los sueños también era un terreno propicio para la manipulación, especialmente en el marco de la chresmología, el arte de compilar e interpretar oráculos y presagios. Dado que los griegos daban gran importancia a las señales enviadas por los dioses, un adivino deshonesto podía fácilmente orientar su explicación para servir a sus propios intereses. Un sueño que anunciaba un mar agitado podía traducirse como advertencia contra un viaje, o al contrario, como invitación a enfrentar las pruebas con valor. Estos ajustes sutiles permitían a los intérpretes dirigir las decisiones de quienes los consultaban.

Finalmente, otra forma de manipulación más insidiosa pasaba por las prácticas de goetía, un tipo de magia destinada a influir en el mundo de los espíritus y las ilusiones. Si esta disciplina abarcaba muchas prácticas ocultas, también incluía la posibilidad de desviar los sueños para sembrar confusión. Este término fue retomado para designar la magia relacionada con espíritus y demonios, especialmente en las tradiciones ocultas medievales. Por cierto, para la pequeña historia, el término goetía significa simplemente "brujería", en particular relacionada con la nigromancia y las ilusiones. No fue sino hasta la Pequeña Llave de Salomón que la Goetía se asoció exclusivamente con demonios.

Aristóteles y el enfoque filosófico

Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a.C., dedicó varios tratados a los fenómenos del sueño y los sueños, especialmente Sobre el sueño y la vigilia, Sobre los sueños y Sobre la adivinación en el sueño. A diferencia de sus predecesores, que veían en los sueños mensajes divinos, Aristóteles adopta un enfoque más naturalista y racional.

¿Conoces la Oniromancia, el arte de leer los sueños?


En su tratado Sobre los sueños, define el sueño como una actividad de la imaginación que ocurre durante el sueño, resultado de residuos de percepciones sensoriales. Según él, cuando dormimos, las sensaciones percibidas durante el día dejan impresiones que, una vez los sentidos en reposo, son reactivadas por la imaginación, produciendo así imágenes oníricas. Aristóteles subraya que estos sueños no son enviados por los dioses, sino que son fenómenos naturales derivados de nuestra experiencia sensorial. Sin embargo, en Sobre la adivinación en el sueño, Aristóteles examina la posibilidad de que algunos sueños puedan tener un valor profético. Distingue tres tipos de relaciones entre los sueños y los eventos reales:

  • La señal: el sueño precede a un evento y es su indicador.

  • La causa: el sueño es la causa directa del evento.

  • La coincidencia: el sueño y el evento ocurren simultáneamente sin relación causal.

Aristóteles también es uno de los primeros en mencionar el fenómeno del sueño lúcido. Observa que, durante el sueño, es posible tener conciencia de que se está soñando, señalando que "a menudo, cuando se duerme, hay algo en el alma que dice que lo que aparece es un sueño". Esta observación temprana abre el camino a estudios posteriores sobre la conciencia y la percepción en el estado onírico.

Así termina esta presentación. Hoy en día, el sueño sigue siendo un espacio esquivo, entre ciencia e imaginación, entre subconsciente e intuición. Pero los griegos no tenían duda: la noche trae consejo, pero aún hay que saber escuchar lo que tiene para decirnos.

Olivier de Aeternum
Par Olivier de Aeternum

Apasionado por las tradiciones esotéricas y la historia del ocultismo desde las primeras civilizaciones hasta el siglo XVIII, comparto algunos artículos sobre estos temas. También soy co-creador de la tienda esotérica en línea Aeternum.

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