Como quizá sepan, detrás de Aeternum se esconde una pequeña empresa con sede en Bretaña (en el sur del Finisterre, para ser exactos). Y es bien sabido que este territorio vive al ritmo de leyendas, mitos y prácticas mágicas más o menos conocidas (Brocéliande, Merlín, el hada Viviana, los Alineamientos y muchos otros). Así, para poner de relieve nuestro hermoso territorio, publicaremos periódicamente leyendas poco conocidas de la historia bretona.
Como la semana pasada, nos quedamos en el norte del Finisterre para descubrir el misterio del templo circular de granito rosa de Lanleff, cuyo origen es objeto de varias teorías. Pero vamos a interesarnos sobre todo por su fuente, que habría sido objeto de un trueque con Lucifer.
Según esta historia, una mujer pobre y repulsiva hizo un pacto con el diablo: su hijo a cambio de monedas de oro. Lucifer, siempre dispuesto a cerrar un trato (y sobre todo a recuperar almas), aceptó la oferta. Depositó un puñado de monedas de oro ardientes sobre el brocal de la fuente. Acto seguido, se apoderó del niño y desapareció.

La madre indigna, apurada por recuperar su botín, extendió la mano hacia las monedas, pero sufrió graves quemaduras. Las monedas acababan de salir de las llamas del reino de los Infiernos. Y sí, el diablo no recibe el sobrenombre de Maligno por nada...
Con un grito de dolor, soltó las preciosas monedas, que quedaron incrustadas para la eternidad en el granito del brocal.

Desde entonces, se dice que basta con verter un poco de agua sobre este brocal para ver aparecer 14 monedas incrustadas en la piedra, testigos silenciosos de este funesto pacto. Pero cuidado con la tentación...
¡Nos vemos la próxima semana para otra leyenda!
Fuente complementaria: Le Télégramme






























