Todos hemos oído hablar de esta «organización», pero ¿la conocemos realmente o sabemos al menos definirla correctamente? Hablar de la francmasonería es entrar en un universo donde los símbolos, los ritos y las tradiciones se mezclan con una búsqueda de conocimiento. Tras sus logias y sus símbolos reconocibles, se sustenta en principios precisos y una organización estructurada. Su historia se remonta a varias épocas, en las que constructores y pensadores dieron forma a un sistema de transmisión del conocimiento y de reflexión sobre la existencia. Presentación.
1. De la masonería operativa a la especulativa
Los primeros vestigios de la francmasonería se remontan a los gremios medievales de canteros, activos en Europa desde el siglo XII. Estas asociaciones reunían a artesanos especializados en la construcción de catedrales y edificios religiosos. Funcionaban según un sistema jerárquico estructurado en tres grados: aprendiz, compañero y maestro. Los miembros se reunían en logias donde transmitían sus conocimientos y aplicaban reglas estrictas que garantizaban la calidad del trabajo y la protección de los secretos del oficio.

Los constructores de las catedrales. Fuente: Descifrar las iglesias y los castillos
A partir del siglo XVI, algunas logias comenzaron a admitir a miembros ajenos al oficio de la construcción. Estos nuevos iniciados, llamados «masones aceptados», procedían de la nobleza o de la burguesía y se interesaban por los aspectos filosóficos y simbólicos del funcionamiento de las logias. Esta transformación dio origen a la francmasonería especulativa, distinta de la masonería operativa, que se centraba en el estudio de los símbolos y los valores morales en lugar de la construcción física.
En 1717, cuatro logias londinenses se unieron para formar la primera Gran Logia de Inglaterra. Esta organización sentó las bases de la francmasonería moderna al definir reglas y un marco institucional que permitían uniformizar las prácticas. Este modelo estructurado facilitó la rápida expansión de la francmasonería por Europa y las colonias británicas.
En Francia, la primera logia documentada fue creada en París en 1725 por británicos. Rápidamente, la francmasonería francesa se desarrolló y atrajo a intelectuales y figuras influyentes del Siglo de las Luces. Voltaire, Montesquieu y Benjamin Franklin estuvieron entre las personalidades que tuvieron vínculos con la francmasonería. Durante este período, las logias francesas se convirtieron en lugares de reflexión y debate donde se difundían nuevas ideas sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad.
En el siglo XIX, la francmasonería experimentó escisiones entre diferentes corrientes. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado, fundado en 1801, se estructuró en 33 grados e influyó notablemente en las logias de Francia y Estados Unidos.
A lo largo del siglo XX, la francmasonería continuó evolucionando a pesar de períodos de persecución, especialmente bajo regímenes totalitarios (la Alemania nazi y la Italia fascista).
2. En la encrucijada de las corrientes esotéricas
La francmasonería utiliza rituales simbólicos para transmitir sus enseñanzas y valores. Estos rituales, codificados en el seno de diferentes ritos, definen el desarrollo de las ceremonias, los gestos, las palabras y los símbolos empleados. En particular, el Rito Francés, codificado entre 1781 y 1786 por el Gran Oriente de Francia, es uno de los ritos masónicos más antiguos y practicados en Francia.
En cuanto a la magia y la alquimia, aunque la francmasonería no practica la magia, históricamente mantuvo vínculos con corrientes esotéricas, entre ellas la alquimia. En el siglo XVIII, algunas logias integraban elementos alquímicos en sus enseñanzas, y algunos francmasones se interesaban por la alquimia como disciplina simbólica. Sin embargo, estos aspectos esotéricos no son centrales en la mayoría de las obediencias masónicas contemporáneas.
3. El simbolismo masónico
La francmasonería se basa en un lenguaje simbólico estructurado que sirve para transmitir valores y enseñanzas. Estos símbolos, tomados de las herramientas de los constructores, encarnan principios morales y filosóficos fundamentales.

La escuadra y el compás figuran entre las representaciones más emblemáticas. La escuadra encarna la rectitud y la integridad, recordando la importancia de llevar una vida justa y equilibrada. El compás, asociado con la medida y la reflexión, ilustra el autocontrol y la necesidad de establecer límites en las acciones y los juicios. Estas dos herramientas se representan juntas, formando un equilibrio entre rigor y sabiduría.
La piedra bruta y la piedra tallada representan el recorrido personal del francmasón. La piedra bruta simboliza el estado original del individuo, marcado por sus imperfecciones y debilidades. Mediante un trabajo de mejora continua, el iniciado moldea su propia piedra para alcanzar un estado de perfección representado por la piedra tallada. Este proceso ilustra un desarrollo interior basado en la disciplina y el aprendizaje.
Las columnas Jakin y Boaz, presentes en la entrada de los templos masónicos, tienen su origen en el templo de Salomón. Encarnan la fuerza y la estabilidad, definiendo un umbral simbólico entre la ignorancia y el conocimiento. Estos pilares marcan la entrada a un espacio sagrado donde tiene lugar la iniciación y se adquiere una comprensión más profunda de las enseñanzas masónicas.
La estrella flamígera, acompañada de la letra G, representa la luz del saber y de la comprensión. La letra evoca la geometría, ciencia fundamental en el arte de la construcción, pero también hace referencia al Gran Arquitecto del Universo, expresión utilizada en la masonería para designar una fuerza creadora. La estrella recuerda la importancia de la búsqueda del conocimiento y del discernimiento en el camino iniciático.
El mazo y el cincel simbolizan las herramientas del perfeccionamiento personal. El mazo representa la voluntad de transformación y la fuerza necesaria para forjar el carácter, mientras que el cincel encarna la precisión y el discernimiento para eliminar los defectos y las debilidades. Estos instrumentos subrayan la importancia del trabajo sobre uno mismo para progresar y elevarse moralmente.
También es imposible no hablar del Ojo omnisciente (o más bien el Ojo de la Providencia), representado por un ojo inscrito en un triángulo radiante. Generalmente se interpreta como una representación del ojo omnisciente del Gran Arquitecto del Universo, que vigila a la humanidad. Este símbolo está presente en algunas logias masónicas (pero no en todas), donde también se lo denomina "delta luminoso".

El billete de un dólar estadounidense lleva este símbolo, que ha suscitado diversas interpretaciones sobre su relación con la francmasonería. En realidad, se trata del Gran Sello de los Estados Unidos, de simbolismo más religioso que masónico (el ojo es un símbolo universal). Aunque algunos padres fundadores eran francmasones, este sello fue creado por comités distintos con miembros no masones (como el artista Pierre Du Simitière, que contribuyó directamente al diseño del ojo).
El conjunto de estos símbolos constituye un lenguaje que guía a los francmasones en su reflexión y su práctica. Cada elemento ocupa su lugar dentro de los rituales y las enseñanzas, como un marco de estudio destinado a afinar la comprensión del mundo y de uno mismo.
4. La organización de la francmasonería
La francmasonería es una organización iniciática estructurada en varios niveles, cada uno con roles y funciones específicos. En la base se encuentran las logias, que son asambleas locales de francmasones. Estas logias se agrupan dentro de obediencias, también llamadas grandes logias o grandes orientes, que supervisan y coordinan las actividades de las logias afiliadas. Cada obediencia es independiente y puede adoptar ritos y reglamentos propios, lo que explica la diversidad dentro de la francmasonería mundial.

Las logias están dirigidas por un Venerable Maestro, asistido por diversos oficiales, como los vigilantes, el secretario y el tesorero. Por lo general, los miembros progresan a través de tres grados simbólicos: aprendiz, compañero y maestro. Más allá de estos grados, algunas obediencias ofrecen grados adicionales, llamados "altos grados", que profundizan en las enseñanzas masónicas.
Las obediencias, por su parte, están dirigidas por órganos elegidos, como un Gran Maestro y un consejo federal. Definen las orientaciones generales, velan por el respeto de las tradiciones y facilitan la comunicación entre las distintas logias.
5. El Gran Oriente de Francia
El Gran Oriente de Francia (GODF), creado en 1773, es la obediencia masónica más antigua y grande de Francia, y la más antigua de la Europa continental.
Surgido de la transformación de la primera Gran Logia de Francia, desempeñó un papel central en la evolución de la francmasonería francesa.

El GODF se distingue por su enfoque liberal y adogmático. A diferencia de algunas obediencias que exigen a sus miembros creer en un ser supremo, el GODF defiende la libertad absoluta de conciencia, permitiendo que cada persona defina su propia espiritualidad. Esta postura llevó, en 1877, a suprimir la obligación de creer en Dios y en la inmortalidad del alma, lo que marcó una ruptura con la Gran Logia Unida de Inglaterra y otras obediencias consideradas "regulares".
Históricamente, el GODF estuvo implicado en importantes movimientos sociales y políticos en Francia. En el siglo XIX, sus miembros participaron activamente en la promoción de los ideales republicanos, el laicismo y los derechos humanos. Esta implicación suscitó en ocasiones controversias, especialmente durante los periodos de tensión entre la Iglesia y el Estado.
Hoy en día, el GODF sigue comprometido con cuestiones sociales contemporáneas. Promueve valores como la solidaridad, la justicia social y la defensa de las libertades individuales. La obediencia es mixta desde 2010 y acoge tanto a hombres como a mujeres en sus logias.
La sede del GODF está situada en el número 16 de la rue Cadet, en el distrito 9 de París. Este edificio histórico también alberga el Museo de la Francmasonería, inaugurado en 1889, que presenta colecciones que recorren la historia y los símbolos de la francmasonería.
Con más de 50 000 miembros repartidos en aproximadamente 1 300 logias, el GODF sigue siendo una institución influyente en el panorama masónico francés e internacional. Su enfoque humanista y su voluntad de adaptarse a los desafíos contemporáneos lo convierten en una obediencia dinámica y comprometida.
6. ¿Sociedad secreta o sociedad discreta?
La francmasonería se describe a sí misma como una sociedad discreta más que secreta. Las reuniones y los rituales son privados, pero la existencia de las logias, los objetivos de la organización y la identidad de muchos miembros son públicos. Esta discreción busca proteger la libertad de pensamiento y expresión dentro de las logias, ofreciendo un espacio de reflexión al margen de las presiones externas.
En cuanto a la idea de que los francmasones «dirigen el mundo», se trata de una teoría de la conspiración sin fundamento. Aunque algunos miembros hayan ocupado posiciones de poder, la francmasonería no es una organización monolítica que controle los asuntos mundiales. Está compuesta por diversas obediencias independientes, cada una con sus propias estructuras y objetivos. Las decisiones políticas y económicas las toman instituciones oficiales, no sociedades iniciáticas.
7. Las influencias de la francmasonería en la sociedad
La francmasonería ha influido en varios acontecimientos y movimientos sociales a lo largo de la historia. En el siglo XVIII, logias como «Les Neuf Sœurs» en París sirvieron como lugares de encuentro para intelectuales y filósofos, contribuyendo a la difusión de las ideas de la Ilustración. Personalidades como Benjamin Franklin y Voltaire estaban vinculadas a estos círculos.
En el siglo XIX, la francmasonería francesa apoyó importantes reformas sociales. Las logias defendieron la educación laica, la separación de la Iglesia y el Estado y los derechos de las mujeres. Políticos influyentes de la Tercera República, como Jules Ferry y Léon Gambetta, eran francmasones y promovieron estos ideales.
En 1893, la fundación de la obediencia mixta Le Droit Humain marcó un hito importante al permitir la iniciación de mujeres en la francmasonería, favoreciendo así la igualdad de género dentro de la organización.
8. ¿Cómo integrarse en la francmasonería?
La francmasonería recluta principalmente mediante cooptación, es decir, los miembros actuales proponen a nuevos candidatos. Esta práctica implica que los francmasones identifiquen a personas que consideran afines a los valores y objetivos de la organización y las inviten a unirse a una logia. En estos casos, existe un período de observación «silenciosa» para asegurarse de que los valores del candidato y de la logia estén alineados, que por lo general dura varios meses.
No obstante, también es posible presentar una candidatura espontánea, pero cada obediencia tiene sus propios criterios y procedimientos de admisión. Por lo general, los requisitos mínimos son los siguientes:
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La mayoría de las obediencias exigen que los candidatos sean mayores de edad, es decir, que tengan al menos 18 años.
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Se requiere una conducta intachable, que refleje valores morales alineados con los de la obediencia.
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Los candidatos deben estar dispuestos a trabajar en su propio perfeccionamiento y a comprometerse activamente con la vida masónica.
La candidatura debe estar motivada (con un CV y una carta de motivación). Posteriormente, la logia más cercana se pone en contacto con el candidato para concertar una o varias entrevistas. No obstante, corresponde previamente al candidato informarse bien sobre la obediencia elegida (valores, funcionamiento...).
9. Masones famosos
La masonería ha contado entre sus filas con numerosas personalidades influyentes. Entre las figuras políticas, George Washington, primer presidente de Estados Unidos, y Winston Churchill, primer ministro británico, eran miembros de la masonería. En Francia, estadistas como Paul Doumer y Gaston Doumergue, ambos presidentes de la República, también estaban afiliados a la orden.
En el ámbito de las artes, el compositor Wolfgang Amadeus Mozart era un masón notable. El escritor Mark Twain también formaba parte de la fraternidad.
Entre los exploradores y pioneros, figuras como Davy Crockett y Edwin "Buzz" Aldrin, astronauta y segundo hombre en caminar sobre la Luna, eran miembros de la masonería.
La masonería es una organización que valora la diversidad de sus miembros, tanto en el ámbito profesional como en el social. Así, los masones proceden de diversos entornos socioprofesionales, incluidos empleados, directivos, funcionarios, docentes, académicos, profesionales liberales, comerciantes y artesanos.
10. Las cifras de la masonería
La masonería es una organización mundial presente en todos los continentes. Según las estimaciones, cuenta con entre 2 y 6 millones de miembros en todo el mundo. Sin embargo, el número exacto de logias masónicas es difícil de determinar debido a la naturaleza descentralizada de la organización y a la diversidad de las obediencias. Las estimaciones varían, pero se cuentan varias decenas de miles de logias en todo el mundo. A comienzos del siglo XX, se estimaba que había unas 27 000 logias masónicas, con una concentración significativa en Estados Unidos y el Reino Unido.
11. ¿Es la masonería una secta?
No. A diferencia de las sectas, que ejercen un control estricto sobre sus miembros e imponen dogmas, la masonería promueve la libertad de conciencia y fomenta la reflexión personal. Los miembros son libres de abandonar la organización en cualquier momento, sin presiones ni repercusiones. Además, la masonería no venera a ningún líder carismático ni exige adherirse a una creencia específica. Se centra en el desarrollo moral y ético de sus miembros, utilizando símbolos y rituales como herramientas de reflexión. Aunque algunas de sus prácticas son confidenciales, esta discreción tiene como objetivo preservar la integridad de los rituales iniciáticos y ofrecer un espacio de diálogo libre.
La masonería valora la solidaridad y la fraternidad entre sus miembros. Esta ayuda mutua se manifiesta de diversas maneras, especialmente mediante el apoyo moral, la asistencia en caso de dificultades personales o profesionales y la participación en obras benéficas. Algunas obediencias, como la Gran Logia de Francia, han creado estructuras internas dedicadas a la solidaridad, como Entraide Fraternelle o Mathusalem, para apoyar a sus miembros y a la sociedad en general.
12. El engaño de Taxil
La masonería suele estar asociada con el ocultismo, extrañas veneraciones e incluso sacrificios. Como hemos visto, no hay nada de eso, pero todo habría comenzado con un asunto que causó un gran revuelo en aquella época.
Léo Taxil, cuyo verdadero nombre era Marie Joseph Gabriel Antoine Jogand-Pagès, nació el 21 de marzo de 1854 en Marsella y murió el 31 de marzo de 1907 en Sceaux. Fue un escritor y periodista francés conocido por sus posturas anticlericales.

En la década de 1880, después de un período en el que escribió obras satíricas que criticaban a la Iglesia católica, Taxil afirmó convertirse al catolicismo. Entonces comenzó a publicar obras en las que denunciaba a la masonería, acusándola, entre otras cosas, de prácticas satánicas y cultos diabólicos. Entre sus alegaciones, introdujo al personaje ficticio de Diana Vaughan, presentada como una antigua gran sacerdotisa de un culto luciferino dentro de la masonería.
El 19 de abril de 1897, durante una conferencia de prensa muy esperada, Taxil reveló que todas sus acusaciones contra la masonería eran ficticias y constituían un elaborado engaño destinado a ridiculizar tanto a la masonería como a la Iglesia católica. Esta revelación, conocida como el «engaño de Taxil», tuvo un gran impacto en aquella época y, pese a todo, vinculó la masonería con el mundo de lo oculto.
Como habrás entendido, la masonería no se reduce ni a leyendas ni a fantasías. Ante todo, encarna un espacio de reflexión, transmisión y compromiso, más allá de los clichés que se le atribuyen. Quizá sea precisamente ahí donde resida parte de su poder: en lo que muestra… y en lo que invita a buscar.






























